ESCAPADAS :: ENTRE RIOS
 

Buenos momentos, en Colón y Villa Elisa

Las excursiones y las termas, y un delicioso viaje en el histórico tren que lleva hasta el Palacio San José.

Ezequiel Sánchez.

Quien haya visitado Colón, en Entre Ríos, sabrá que es tan lindo en verano como en invierno. Una mañana de niebla, por ejemplo, caminando por su antigua costanera adornada con barcos encallados, el río Uruguay sorprenderá a los ojos del recién llegado; será como estar a un paso de un cielo poblado de densas nubes. Ese espectáculo ocurre, entre muchas otras tantas cosas, en invierno.

Un día soleado, en cambio, desde el viejo puerto (que fundaron los colonos suizo-franceses pobladores de estas tierras, primero en Colonia San José, con la ayuda de Urquiza), bien abrigado, el viajero puede partir a navegar en un gomón por el Uruguay, y acaso descubrir la densa vegetación de las islas, que en su interior son "selvas en galería", al decir del erudito guía local Charlie Adamson, hijo de escoceses, quien explica que si bien el clima de la zona no es tropical, el río trae desde Brasil semillas de especies exóticas que se reproducen por estas tierras bien fértiles.

En el interior de estas islas todo se torna laberíntico y la vegetación forma una especie de techo compuesto de ramas para protegerse de las heladas, de manera que en pleno día, la luz del sol que se cuela por los intersticios produce maravillosos claroscuros. Hay que caminar por estrechos senderos, entre enormes ejemplares, esquivando las lianas que hizo famosas Tarzán. Y descubrir los secretos de la naturaleza: el ingá, por ejemplo, desprende unas semillas con forma de canoa que el viento arrastra al agua y navegan según la corriente del río para reproducirse en otras partes. Ideales para safaris fotográficos, en estas islas la cantidad de pájaros es por supuesto abrumadora, pero además, con paciencia será posible cruzarse con algún lobo de río, los enormes carpinchos o el osito lavador, primo hermano del mapache americano y así llamado porque enjuaga las presas que caza varias veces en el río.

En materia de relax, la ciudad es especial. Un baño de reparadoras y curativas aguas termales en el complejo municipal es una de las opciones. Las piscinas tienen una maravillosa vista al río y propiedades sedantes, analgésicas, aniespasmódicas; son ideales para tratar asma bronquial (no en período agudo) y bronquitis. También sirven para tratar reacciones psicosomáticas relacionadas con el estrés o afecciones crónicas como artrosis o artritis (no en caso de brotes agudos).

Otra opción terapéutica resultan los spa. El del hotel Quirinale, por caso, remodelado a nuevo, tiene piscina climatizada, sauna, ducha escocesa y un piso -el séptimo- dedicado a los masajes y tratamientos faciales y corporales. Antes de la cena, resulta muy recomendable tomar un masaje descontracturante de 45 minutos y luego bajar a la piscina y quedarse unos minutos sobre los potentes chorros de agua.

De noche, cuando el apetito se haga presente, habrá varias alternativas para calmarlo. Si hay ganas de probar pescado de río -se recomienda el dorado-, el sitio indicado será El Viejo Almacén, donde funcionaba un almacén de ramos generales. Si la idea es un tradicional asado criollo, hay que ir a La Estancia. Y si se prefiere algo más gourmet, acaso íntimo, ambientado estilo Palermo Soho, con mucha madera, velas y vista al río, habrá que visitar La Cosquilla del Angel, en el puerto, donde la atención y los postres son inmejorables.

Viajando 30 km por la ruta 130 hasta Villa Elisa, que también cuenta con un excelente complejo termal, en este caso de agua salada, habrá más aventura. Allí, el Ferroclub Central Entrerriano reconstruyó una vieja locomotora y reacondicionó las vías de un viejo ramal de pasajeros. Así, el tren histórico viaja los 36 km que separan esta ciudad del Palacio San José. Plácidamente, la formación recorre un paisaje de campo, con sus cuidadas chacras a los costados de la vía, un camino atravesado por bucólicos arroyos y por las antiguas estaciones de estilo inglés. Original residencia del general Urquiza y su numerosa familia, el palacio impresiona por lo moderno y lujoso; tuvo agua corriente antes que Buenos Aires. De estilo italiano, su capilla corintia es una verdadera joya que cuenta con una pila de mármol réplica de una que conserva el Vaticano. El patio interior -donde el general daba fastuosas fiestas-, con sus enormes arcadas, es la vía de acceso a las distintas habitaciones, en una de las cuales se alojó Sarmiento. Impresiona también un gran salón con espejos cuadrados incrustados en paredes y techo, digno de un filme de Hichtcock. Los jardines, con su lago artificial, recuerdan a Versalles. No obstante, el punto más sorprendente de la visita es la huella de sangre que marcó con su mano el prócer en una de las puertas de su habitación, al ser acribillado por las balas de los sicarios del caudillo López Jordán, la tarde del 11 de abril de 1870.

Fuente: Clarin.com 15 de jul