Silvina
Quintans. ESPECIAL PARA CLARIN
Qué observan de extraño en este
palmar?", pregunta Federico, guía de La
Aurora del Palmar, mientras una nutrida
concurrencia se bambolea sobre el viejo
jeep que sortea barros y pastizales.
"Las palmeras son muy altas", arriesga
uno sin éxito, "hay muchas", dice otro,
pero la respuesta correcta no tarda en
llegar de la boca de un nene muy
observador: "No hay palmeras bebés". En
este pequeño dato tal vez esté la clave
del interés de este lugar: las palmeras
yatay son muy antiguas y están en serio
peligro de extinción.
El Refugio de Vida Silvestre La Aurora
del Palmar se encuentra justo enfrente
del Palmar de Colón, en la provincia de
Entre Ríos, a sólo 370 kilómetros de la
Capital Federal, y es la única reserva
de importancia de palmeras yatay fuera
de los límites del Parque Nacional. Son
200 hectáreas de palmares maduros que
con espíritu visionario los dueños de
estos campos han sabido conservar, en
una época en la que las palmeras solían
ser derribadas para dedicar los campos a
otras actividades productivas.
Pero eso no es todo: la Aurora es un
refugio ecológico apoyado por la
Fundación Vida Silvestre Argentina, que
recibe turistas con un servicio de
excelente nivel y además ofrece
distintas excursiones en contacto con
este paisaje único. Aquí uno puede
navegar en una canoa por el agreste
arroyo El Palmar, o internarse a caballo
o en 4x4, por las 1.300 hectáreas que
conforman el predio en busca de los
palmares, los pastizales, las selvas en
galería, o los bosques de pinos y
eucaliptos.
Todo esto sin dejar de lado la obligada
visita al Parque Nacional El Palmar, que
se encuentra justo enfrente, o el
encantador trencito turístico de Ubajay,
que ha sido puesto en marcha por los
vecinos, y que llega hasta el corazón de
la Aurora (ver Imperdibles). Y como un
solo día no alcanza para explorar tantos
paisajes, La Aurora del Palmar ofrece un
original alojamiento en vagones de tren
reciclados, distribuidos en un amplísimo
parque con vista al palmar.
El país de las palmeras
"Mi abuela se llamaba Aurora, y solía
ver desde su casa el atardecer sobre las
palmeras. Mi abuelo bautizó este campo
con su nombre, y fue mi padre quien se
negó a que se desmontara el palmar en un
momento en que estos campos eran
considerados improductivos", nos
explicará más tarde María Eugenia
Peragallo, dueña de este lugar, mientras
nos convida con un exquisito licor de
yatay, derivado del fruto de la
palmera.Pero no nos adelantemos: aún no
ha llegado la hora del licor de yatay, y
seguimos nuestro viaje en el jeep por
los campos de La Aurora, junto con un
ruidoso grupo de jóvenes ingleses que
acampan enfrente de los vagones de tren.
Mientras recorremos los campos, Federico
asegura que aquí mantener el equilibrio
de la naturaleza no se contradice con
emprender una actividad rentable.
Pasamos por simétricas plantaciones de
pinos y eucaliptos, pastizales en los
que un grupo de vacas nos mira con
cierto recelo, y finalmente llegamos al
palmar. El jeep nos deja en un centro de
interpretación donde el guía da una
charla sobre especies que han pasado al
recuerdo en esta zona, como el yaguareté
y el venado de las pampas.
Luego nos invita a pasear entre la
desordenada fila de palmeras yatay de
más de 15 metros de altura. "¿Cuántos
años tienen estas palmeras?", dispara.
Otra vez comienzan las apuestas, pero la
respuesta correcta cae nuevamente de la
boca del nene: 300 a 400 años. El guía
dice que el cálculo no es exacto, pero
que la edad se puede medir por las
cicatrices sobre el tronco que indican
el desprendimiento de las hojas viejas.
Más tarde nos invita a revisar el suelo
para encontrar retoños de nuevas
palmeras. Otro chico, esta vez de sólo
cuatro años, encuentra un pastito que se
parece sospechosamente al penacho de una
yatay. Nos damos cuenta de que estamos
rodeados por retoños de palmera, aunque
el guía asegura que probablemente
ninguna alcance su destino de árbol.
En La Aurora se está estudiando cómo
hacer para renovar el palmar. La yatay
es oriunda de Entre Ríos y es toda una
curiosidad, ya que crece al sur del
continente en un clima templado, y no en
el paisaje tropical que estamos
acostumbrados a ver en las postales.
Regresamos en el jeep al casco de la
Aurora, y corremos hacia el Restaurante
Panorámico a disfrutar de la comida
casera, mientras el sol se pone a lo
lejos sobre las siluetas de las
palmeras.
Al día siguiente, Federico nos propone
una excursión en canoa por el Arroyo El
Palmar. Esta vez nos montamos sobre la
caja de una camioneta, que nos deja a
los pies de un senderito de madera
cubierto por otro paisaje típico de esta
región: la selva en galería. Caminamos
bajo un túnel de árboles y plantas,
hasta que llegamos al arroyo. Allí el
guía coloca los chalecos sobre los
pequeños Sebi y Nico de cuatro y dos
años, mientras enseña a los adultos el
arte de remar sin espantar a los
huidizos animales que habitan las
orillas. Recomienda que vayamos en
silencio y que, bajo riesgo de volcar la
canoa, jamás nos inclinemos hacia los
costados para esquivar las ramas
traicioneras que se cuelan desde las
orillas. Remamos con poca suerte en
busca de algún carpincho, tortuga o
lobito de río; el que sí nos sorprende
es un martín pescador de alas
tornasoladas que se sumerge con la
esperanza de pescar algo. La canoa se
detiene frente a un banco de arena y el
guía nos ruega que hagamos silencio para
escuchar los sonidos de la naturaleza.
Como buenos especímenes urbanos, nos
entregamos a la experiencia con cierto
escepticismo, aunque después de unos
segundos comprobamos que Federico tiene
razón: sólo se escucha el ulular de un
pájaro y el sutil burbujeo del agua. La
naturaleza y la distancia han ahogado
por completo el persistente quejido de
autos y camiones.
Y ahora sí llegará el momento en que la
noche nos encuentre junto al calorcito
del fogón, y la mano de María Eugenia
nos ofrezca una copita de licor de yatay,
mientras nos cuenta la historia de su
abuela Aurora.
IMPERDIBLE
Una forma
diferente de conocer el paisaje del
palmar es tomar el trencito turístico
que sale del pueblo de Ubajay, al norte
del Parque Nacional El Palmar. Los
vecinos han hecho un gran esfuerzo para
recuperar un tramo de las vías del tren
que unían Concordia con Concepción del
Uruguay, que funcionó entre 1915 y 1991,
cuando fue clausurado. El vagón se abre
paso entre la maleza, impulsado por una
esforzada zorrita que llega hasta el
corazón del palmar de La Aurora, previo
paso por arroyos, selvas en galería,
plantaciones de citrus, y forestaciones
de pinos y eucaliptos. El tren parte de
la antigua estación del pueblo, donde se
ha montado un museo que mantiene
intactos los instrumentos del
ferrocarril, mientras en otra sala
exhibe elementos de la vida cotidiana de
los colonos judíos.
Datos útiles e
información
Como llegar. El
Refugio de Vida Silvestre La Aurora del
Palmar está ubicado en Colón, Entre
Ríos, a 370 kilómetros de la Capital
Federal. Para llegar en auto hay que
tomar la ruta 14 y desviarse a la altura
del kilómetro 202, frente al Parque
Nacional El Palmar. La empresa Flechabus
viaja desde la estación Retiro hasta
Ubajay. Desde Ubajay hasta La Aurora el
viaje en remís cuesta alrededor de 7
pesos.
DONDE ALOJARSE. El complejo cuenta con
vagones de tren reciclados en madera con
baño privado, calefacción y capacidad
para hasta 8 personas. Hay piscina,
jacuzzi y parillas a disposición de los
huéspedes. La Aurora cuentacon
instalaciones de camping y una casona
con cómodas habitaciones en dúplex con
capacidad para seis/ocho personas.
Excursiones. El acceso al refugio es
gratuito. La cabalgata, el safari en
vehículos 4 x 4, y el paseo en canoa
duran aproximadamente dos horas y
cuestan 20 pesos por persona. Existen
promociones para aquellos visitantes que
estén alojados en el complejo. Además,
el refugio organiza excursiones
especiales para escuelas e instituciones
educativas. Para hacer el recorrido del
tren de Ubajay, se pueden consultar
salidas y horarios en el teléfono (0345)
4905090 y por mail a: turismo@ubajay.gov.ar
Clarín: 30 de
setiembre de 2007
Otros sitios> www.tierradepalmeras.com.ar