Silvina Quintans
ESPECIAL PARA CLARIN.
Río, termas,
palmeras: todo eso espera uno ver cuando se encamina hacia
Colón. Y no
sale desilusionado, ya que esta ciudad de Entre Ríos cuenta con magníficas
playas y termas, además del cercano e impactante Parque Nacional El Palmar.
Pero sería un pecado abandonar el lugar sin haber conocido las poblaciones
vecinas, donde el impacto no sólo está en la naturaleza, sino también en las
fabulosas historias que cuentan molinos, fábricas, estaciones y casonas de otros
tiempos, que aún almacenan los viejos pobladores en algún rincón de la memoria.
A pocos km de la ciudad, Pueblo Liebig, Ubajay, Villa Elisa y San José
justifican que la visita a la región se extienda varios días.
Una historia que contar
"Liebig no tiene grandes monumentos, pero hay que bajar del auto y recorrerlo,
ver los detalles, charlar con la gente orgullosa de su historia", dice la
arquitecta Adriana Ortea, instalada aquí desde hace años. En el Centro de
Interpretación es posible conocer la historia local y luego emprender una
caminata por calles casi desiertas. Aquí no hay que preguntar por la plaza ni
por la iglesia para ubicar el centro, sino apuntar a las silenciosas chimeneas
de la fábrica que custodian el pueblo.
Es que Liebig guarda ecos de los tiempos en los que la Argentina era "el granero
del mundo" y los embarques de extracto de carne y corned beef salían de estas
orillas para abastecer a una empobrecida Europa. De aquellos tiempos quedan un
muelle, las ruinas de la fábrica y la original planta urbana. Es un pueblo
trazado por los ingleses a la medida del frigorífico Liebig, que fue uno de los
más importantes de Sudamérica. La planta urbana está dividida por un corredor
cercado por tablas, al que los pobladores llamaban La Manga. Por allí pasaban
las vacas hacia el frigorífico, antes de ser embarcadas a Londres como carne
enlatada. A un lado aún se levantan los chalets, con techos acanalados y
jardines estilo inglés, donde vivía el personal jerárquico. Al otro costado, "el
pueblo", con modestas construcciones de puertas y zaguanes, donde vivían los
obreros.
Aquí se levanta el curioso Monumento al Corned Beef: una gigantesca lata del que
fuera el producto principal del pueblo.Liebig vivió en torno a la fábrica desde
1903 hasta 1997, cuando cerró y quedó en la memoria de sus obreros, que circulan
por las calles con ganas de contar la historia de gloria, caída y supervivencia
que encierra cada pared.
Una pena que la planta ya no se visite por dentro -como hasta hace un par de
años-, porque parte de su patrimonio fue desguazado. Pero es posible deleitarse
con un almuerzo casero en el restaurante La Fábrica, que funciona en las
antiguas oficinas de la empresa, y visitar la colección de mariposas Butterflies,
de la familia Zelich.
Ultimo tren a Ubajay
Cuando en 1992 pasó el último tren por Ubajay, hubo quienes pensaron que -como
sucedió con muchos pueblos del interior que se encontraban sobre las vías- se
acercaba el final de esta bella localidad cercana al Palmar. La estación, en
perfecto estado gracias a los cuidados de su último jefe, Alcides Coullieri,
parecía condenada al deterioro y el saqueo. Pero no: los vecinos supieron
mantener a salvo su patrimonio. Instalaron allí un pequeño museo que reconstruye
la historia de los primeros colonos judíos que llegaron a fines del siglo XIX,
impulsados por el Barón Hirsch. También luce impecable la sala del jefe de
Estación.
Tras décadas de abandono, las vías fueron rescatadas por los vecinos, que
desmalezaron a pico y machete más de 6 km del recorrido que unía los pueblos de
la región. Un paseo en zorra atraviesa un vivero forestal, el arroyo Borracho
-llamado así porque circula al revés, o, según las malas lenguas, porque allí
volcó un camión cargado de vino- y el arroyo Palmar, en una selva en galería.
"Estaba la nostalgia de que ya no pasaba el tren y tratamos de conseguir un
motor que sonara tan fuerte como cuando pasaban los catangos o empleados del
ferrocarril, que mantenían las vías a bordo de la zorrita", cuenta Ricardo
Bouvet, director del Museo. Cerca del pueblo, en el Refugio de Vida Silvestre La
Aurora del Palmar, se puede remar rodeado por la selva, cabalgar entre palmares
y plantaciones de cítricos, o hacer una instructiva excursión en 4x4 a una
reserva de palmeras yatay.
"Nuestros abuelos los pioneros", indica un cartel en el ingreso al Museo
Histórico Regional de Colonia San José, que cuenta la historia de los primeros
inmigrantes que llegaron de Francia, Italia y Suiza en 1857, quienes crearon la
primera colonia agrícola de Entre Ríos. El recorrido por el museo lleva desde la
Casa del Colono hasta el taller del herrero, el estudio de un fotógrafo pionero
y una botica con una antigua caja registradora y un cartel que alardea: "Se
hablan seis idiomas". También en San José se puede visitar el Molino Forclaz, un
cono de piedra mora y ladrillos de 25 m de circunferencia y 12 m de alto
construido por Juan Forclaz en 1888. El colono cometió un error de cálculo:
Entre Ríos estaba lejos de los fuertes vientos que impulsaban los molinos en su
Holanda natal, y debió rediseñar su instalación para que fuera impulsada por
animales.
Villa Elisa es famosa por su complejo de termas con 8 piletas de efectos
benéficos para la salud. Aquí uno puede seguir la huella de los inmigrantes en
el Monumento Histórico Nacional y Museo El Porvenir, en el antiguo casco de la
estancia de Héctor De Elía, fundador de la ciudad. La bella casona atesora
objetos antiguos, en medio de un hermoso parque de 2 ha. La periferia de Colón
está poblada de historias que aún esperan ser descubiertas, más allá de las
palmeras y el murmullo del río Uruguay.
Fuente: Suplemento Viajes - Clarín 13-09-09