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El oasis entrerriano

Villa Elisa, San José y Colón comienzan la temporada de termas. Un circuito por tres localidades de Entre Ríos donde se combinan el atractivo del relax con el paseo histórico y natural por una región de cuchillas y palmares. Pero también visitas a sitios y museos con la impronta cultural de los primeros colonos europeos.

Por Graciela Cutuli

Si verde es descanso, Entre Ríos también lo es. En las suaves ondulaciones de las colinas entrerrianas, que juegan a hacer sombras con la puesta de sol, se puede encontrar el auténtico silencio de la naturaleza. Un silencio que trae ecos lejanos: los muchos idiomas europeos que alguna vez se mezclaron en los campos con la llegada de los primeros colonos; el aleteo de teros, garzas, cigüeñas y otras aves que sobrevuelan bajito los bañados que forma la lluvia; el rumor suave del viento que peina las hojas de las palmeras; el agua que brota caliente de las entrañas de la tierra. Entre Ríos es, claro, tierra de aguas: y no sólo porque sus colinas están aprisionadas entre los caudalosos cursos del Paraná y el Uruguay, sino también porque a orillas de este segundo río nace una serie de termas que van desde Colón a Chajarí, y que conforman un corredor –de ambos lados, ya que el fenómeno se repite en Uruguay– volcado al turismo de descanso y salud.

Entre las más cercanas a Buenos Aires se encuentran las termas de la micro-región de Colón, que incluyen las de San José y Villa Elisa. El paseo por esta parte de la provincia invita a descubrir sus testimonios históricos, desde el imponente Palacio San José hasta las modestas casas construidas por los primeros inmigrantes europeos, y la riqueza de una naturaleza generosa, matizada con placeres de la buena mesa. Incluyendo el vino...

Para Elisa

De norte a sur, el recorrido puede comenzar en Villa Elisa, a 30 kilómetros de Colón, una localidad nacida gracias a la llegada de numerosos piamonteses, franceses, vascos y suizos, en los mismos años en que la corriente de colonos se establecía en San José y Colón gracias a la iniciativa de Urquiza. Villa Elisa, cuyo nombre recuerda a Elisa Dickson, esposa del fundador, tiene vocación de “ciudad jardín”: trazada en calles anchas y floridas, la domina la gigantesca estatua de un sembrador de más de 12 metros de altura, una forma de reconocimiento a la fertilidad de una tierra que hizo a la prosperidad de toda la zona. Desde Villa Elisa hasta el Palacio San José, un tren histórico permite realizar el recorrido sobre rieles, una experiencia como para sentirse en un auténtico cuadro de época. La historia también es el eje de la estancia El Porvenir, un antiguo casco donde se reunieron objetos de los primeros habitantes: muebles, elementos cotidianos, instrumentos musicales y autos antiguos.

Muy cerca del centro de la ciudad se encuentra el complejo termal de Villa Elisa, que tiene la particularidad de tener aguas saladas. El parque tiene más de 40 hectáreas con siete piscinas: tres para adultos (las de mayor temperatura, hasta los 40 grados, equipadas con hidromasaje), tres para chicos y una recreativa, de aguas templadas. La clasificación de las aguas las define como “mesotermales, débilmente alcalinas, de alta mineralización, cloruradas, sulfatadas sódicas, estrónicas, radónicas”: difícil que el lego entienda de qué se trata, pero las definiciones químicas son rápidamente traducidas al lenguaje universal del bienestar.

Cerca de Villa Elisa, en la pequeña Colonia Hocker, se puede disfrutar de la propuesta rural del Almacén Don Leandro, donde se organizan cabalgatas y paseos en sulky, y el Establecimiento Don Enrique, un campo que combina la ganadería intensiva con el turismo rural.

Museos y termas en San Jose

Para conocer mejor los orígenes de las poblaciones de la región, lo mejor es visitar el Museo Histórico Regional de la Colonia San José, que se fundó cuando –en ocasión del centenario de la localidad– los vecinos se pusieron de acuerdo para reunir materiales heredados de sus familias que dieran cuenta de la pequeña epopeya que significó establecer la colonia. Empezando por el hecho de que no eran esperados en Entre Ríos sino en Corrientes, pero un problema administrativo les impidió ingresar, así, gracias a Justo José de Urquiza, fueron reubicados en tierras entrerrianas. Actualmente el museo funciona en una casa del año 1885 que perteneció a una de sus pobladoras y está considerado como uno de los que guarda el mayor patrimonio histórico en nuestro país. Otra entidad para visitar es el Museo de Ciencias Naturales Guillermo Gómez Cadret, que tiene nueva sede y posee interesantes piezas arqueológicas. Y sin duda vale la pena pasar por los dos mini-museos geológicos, armados por pobladores, que reúnen varias piezas de gran interés: frutos petrificados recogidos a orillas del río Uruguay, distintos tipos de ágatas y otros minerales, e incluso curiosidades como piedras que contienen agua adentro. San José también cuenta con un nuevo complejo termal, con piscinas con hidromasaje, piletas de uso activo y pasivo, juegos infantiles y un servicio de spa express que va desde los masajes hasta la fangoterapia y técnicas de cosmiatría.

Aguas y sabores de Colon

Esta ciudad es la más importante de las localidades de la micro-región: en verano el gran atractivo son las playas de arena sobre el río Uruguay y sus islas, donde se organizan también excursiones de pesca (salidas desde el puerto, los fines de semana), y en otoño e invierno sus aguas termales, situadas muy cerca del centro y con instalaciones cubiertas que permiten disfrutarlas todo el año. Sin embargo, Colón tiene encanto propio también como ciudad, con un corazón de casas de antaño bien conservadas, la antigua estación fluvial donde hoy funciona la Secretaría de Turismo, frente al río, y su arbolada costanera. Enfrente, el Sótano de los Quesos se convierte en una tentación para los aficionados a los embutidos, picadas y dulces caseros, con una amplia oferta de productos de elaboración artesanal.

Colón es agradable para caminarla al atardecer, cuando el calor afloja y las calles cobran animación: se puede pasar entonces frente a la Plaza San Martín, la casona donde se alojó Urquiza en 1870, la sede de la biblioteca popular Fiat Lux o el Teatro Centenario. También hay que recordar que aquí se fundó el primer registro civil del país.

Fuera de la ciudad hay numerosas propuestas de turismo rural y ecoturismo: es que el entorno, por supuesto, es el escenario ideal. En el llamado “ejido Colón”, hacia el sudeste, se encuentra la zona donde se asentaron los colonos suizos recién llegados, dividida en pequeñas parcelas y surcada de caminos de tierra: allí diversos establecimientos se dedican a la cría de aves, cultivos, quintas y cría de cerdos. También Colonia Hugues ofrece una suerte de viaje en el tiempo, hacia la época en que con enorme esfuerzo los pioneros sentaron la base de las poblaciones actuales. Hoy reconvertida al turismo, toda la región ofrece numerosos alojamientos turísticos y propuestas de excursiones por el río. Además, Colón es la puerta de entrada al Parque Nacional El Palmar, situado unos 50 kilómetros más al norte, que es ideal para recorrer durante las puestas de sol otoñales, cuando los zorros se acercan sin temor a los autos, se pueden ver arañas pollito que cruzan tranquilamente los caminos de tierra, y las delgadas siluetas de las palmeras se recortan, elegantes, contra un cielo que se tiñe con todos los colores del atardecer.

Fuente: Página 12 - 22-04-07

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