|
Editorial:
Desesperación de un pobre agricultor
(continuación)
.
Vecino: - Ya lo sé, pero dime Juan, qué
ganas con renegar, no sería mas prudente
y razonable resignarse a la voluntad de
Dios que al fin no nos dejará perecer y
sabrá recompensar a los humildes
resignados a su tiempo, como sucedió
también con el pobre Job, el que después
de todas clases de privaciones y
desgracias sufridos con su resignación
sin igual, se vio como por encanto en la
mayor prosperidad y abundancia?
Por otra parte, yo creo que te quejas
con boca llena amigo Juan, pues decías
recién que entre la sequía y la langosta
el año pasado habías quedado sin nada.
Esto es una calumnia grande, pues hemos
tenido una buena cosecha de trigo y de
lino, esto ya es algo.
Juan: - Es verdad, pero las malditas
lluvias con viento me mojaron las
parvas, la mitad o más se quedó en la
paja, lo que se pudo trillar, era muy
húmedo y sucio, la mitad cola de zorro,
tuve que vender por una miseria y eso
gracias que pude venderlo, pues no se
hubiese conservado. Y tu quieres que uno
se resigne como si todo esto fuera muy
agradable!.
Vecino: - Dime Juan, quién tuvo la
culpa?
Juan: - Bonita pregunta! La lluvia, el
viento y también la maldita máquina que
no quiso trillármelo antes de la
lluvias, tuvieron la culpa, bobo!.
Vecino: - No te enojes amigo Juan, con
nadie. La culpa la tuviste tu mismo que
no has hecho bien las parvas, y nadie
más.
Juan: - Mis parvas estaban demasiado
bien hechas, yo mismo las formé e hice
cuanto pude para hacerlas lindas.
Vecino: - Ah! Lindas, pero no buenas. No
es precisamente lo lindo que necesita
nuestras parvas, es lo bueno, amigo
Juan. Yo siempre oí decir que las más
lindas no son las mejores y esto no pasa
solo con las parvas. Dime Juan, si
tuvieras tu que salir ahora mismo que
llueve a cántaros, con que saldrías?
Arivederce
bueno vecino
Villa San José, abril de 1907
arriba |