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Editorial:
El idioma universal
. De una crónica de Jacinto Benavente
sobre el cinematógrafo:
“El cinematógrafo ya competidor del
teatro, será, con las mejoras naturales
de su mecanismo, todo el teatro del
porvenir, sin que sus dramas cedan en
emoción a los dramas hablados, ni en
gracia a las comedias, con la ventaja de
que en ella sólo es posible el chiste de
acción, siempre de mejor efecto que el
chiste de frase.
En cuanto a espectáculos de magia y
fantasía, hoy mismo supera en cuanto se
presenta en los viejos teatros.
Aplicado el cinematógrafo a la enseñanza
práctica, desterrará por completo de
los docentes las explicaciones orales y
teóricas.
Por el podrán ser conocidas y estudiadas
en todo el mundo las más delicadas
operaciones quirúrgicas , como toda
clase de trabajos agrícolas y de
fabricaciones industriales.
En las discusiones parlamentarias podrá
ahorrarnos los interminables discursos
acostumbrados.
El pro y el contra de todas las
cuestiones podrá mostrarse del modo más
palpable por una serie de películas.
Ante los tribunales de Justicia será más
emocionante el nuevo procedimiento.
El fiscal presentará una exacta reproducción
del hecho de autos pero no hay que decir
si tendrá público, el defensor, vida del
reo, su amor a la familia y a la
sociedad, sus días de hambre y de
desesperación, la despreciable conducta
de la víctima y por último y en colores
una brillante apoteosis del jurado….
De los futuros libros ya no podrá
decirse como Hamlet “Palabras, palabras”
sino “Estampas, estampas, estampas”.
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