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Editorial:
Los malos empleados
. En todos los países del mundo, aún los
pocos que sirven de modelo, por su
administración, abundan los malos
empleados que son el desdoro de toda
nación culta y bien organizada.
Pero en la mayoría de esos países no
sucede a ese respecto lo que más de uno de la América Latina,
donde es ya práctica inveterada no
buscar los hombres para los empleos.
La República Argentina es por cierto uno
de esos países, y no se diga que el mal
se debe a esta o a aquella
administración, porque en todos los
gobiernos que se han venido sucediendo
desde la dominación española hasta
nuestros días han existido los malos
elementos en los puestos públicos, sin
que pueda evitarlo los mejores
propósitos de los hombres que ocupan los
altos poderes de la Nación.
Mucho hemos adelantado en la
implantación de instituciones que son de
las más liberales del mundo, el respeto
a la propiedad y a los derechos de los
ciudadanos, o convecino no es un mito,
la luces de la civilización se difunden
por doquiera y el progreso sigue sin
interrupción en su escala ascendente
desde uno a otro confín de la República.
Con un gobierno que descuella
ventajosamente entre los de este
subcontinente, es nuestro país el que
más prospera entre cuantos lo rodean,
pero en medio de esas grandezas
reconocidas incluso en el Viejo Mundo,
estamos más cerca de los salvajes por la
calidad de muchos empleados.
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