Emprendimiento conjunto entre www.ZonaColon.com y Diario El Entre Ríos para el rescate de la  memoria regional

 

por Alberto Pierotti 

“Cuando el Balneario Inkier era una granja avícola modelo ”

En las imponentes barrancas de piedras moras que fueron terrenos de Martín Mabragaña y después, en 1900, de Ramirez Muñoz, en la década de 1930 el inmigrante berlinés Carlos Germán Enrique Strathmann y su esposa Gertudris Olschewsky.

Si uno sale por allí a afirmar que al cabo de 75 años el mismo paraje, ceñido entonces por piedras moras y ahora por arenales, ocupó espacios en los medios nacionales por su importancia en la producción avícola pionera y modelo, y quizás con la misma profusión que en los últimos lustros lo ha hecho como uno de los mas sobresalientes atractivos turísticos de todo el río Uruguay, bajo el nombre de Santiago Inkier, seguramente muchos pensarán que es pura fantasía.

Pero no es así y para ello alcanza con desplegar páginas tamaño sábana del por entonces diario nacional de mayor tirada: LA PRENSA de Buenos Aires, del 17 de septiembre de 1944.

En las fotografías a huecograbados, a cuatro columnas, se puede apreciar un paisaje muy distinto que el actual, sólo reconocible por la isla de Hornos, y la adivinada desembocadura del Arroyo La Leche y el majestuoso río Uruguay, pero: poblado por cientos y cientos de gallinas blanquísimas.

Lo mismo puede afirmarse de las fotografías que muestran la intensa actividad en los muelles de Colón, y las planchadas tendidas hasta la cubierta de la motonave General Alvear...

y los antiguos camiones cargados con varios metros de altura de cajones de gallinas, desafiando la ley de la gravedad, procedentes de la finca donde hoy se encuentra el corazón turístico de Colón y de la región.

Granja modelo

Cuando al incipiente movimiento turístico de Colón que comenzaba a afianzarse en las décadas de 1920 y 1930, la alcanzaba con ofrecer a los visitantes la Avenida Fluvial, el Club Piedras Coloradas y el Pontón, y por supuesto el cercano Parque Escolar Dr. Herminio J. Quirós, surgió, a apenas dos cuadras al sur, en lo que era conocida como zona de Quintas, por la finalidad que le había asignada el delineador del plano de Colón, el Ingeniero francés Carlos Sourigues, la “Granja Avícola Piedras Coloradas”.

La planta urbana de Colón, vale recordarlo, alcanzaba el Boulevard Chile ( hoy Ferrari) , el Boulevard Belgrano ( hoy González- Sanguinetti) y el Boulevard San Martín ( hoy Gaillard).

Aún dentro de estos límites, importantes sectores eran terrenos baldíos. Y más allá se extendían hacia el Norte, el Oeste y el Sur las quintas de cuatro manzanas. Estas eran zonas de intensa actividad económica. Donde ahora está el Parque Quirós funcionó en los tiempos fundacionales de Colón una Fábrica de Jabón y un poco más tarde, en las inmediaciones, en el sector Oeste, el primer polígono de Tiro, y más al Sur la Fábrica de Paños ( donde ahora se encuentra la Colonia de Bioquímicos), que en 1874 se inauguró con la presencia del mismísimo gobernador, cuando visitó Colón para dejar también habilitado el primer edificio escolar ( donde ahora funciona parte de la Escuela Normal, en calle Urquiza). Calle de por medio, con estas quintas donde se habilitó la granja avícola que nos ocupa, estuvo el impactante vivero modelo del inmigrante belga Federico Forkel, quien llegó a ser el Jardinero del Palacio del Rey de los Belgas, en Bruselas, y cosechó distinciones y premios, y ahora forma parte de “Los Tilos” y un día fue la Quinta Las Rosas del Escribano Osvaldo Eyhartz y de Tamara Fonrodona.

Un poco más acá, en la zona norte del Club Piedras Coloradas y el actual Casino Colón, funcionaba el Puerto de los Aguateros.

Las quintas, donde hoy se encuentran el Club Atlético Campito, varios grupos de bungalows, la casona que ocupa la familia de Luis Bidal, locales en construcción, edificios de varios pisos en la balconada al río Uruguay, y parte del Balneario Santiago Inkier, fueron primero parte de la heredad Insiarte- Diaz Velez a finales del período colonial y primeros años de la vida Patria.

Después pasaron a formar parte de la propiedad del marino griego devenido en comerciante, don Jorge Espiro y finalmente pasó a manos del Brigadier General don Justo José de Urquiza, a mediados del 1850.

Concretado el establecimiento de la Colonia San José, en 1857, y trazada la Villa Colón, esas manzanas fueron adquiridas por Martín Mabragaña.

Después las compró Gastón Valle, y finalmente en 1904, quien fuera gerente del Banco de la Nación Argentina Sucursal Colón, Felix Ramos Muñoz.

En la década de 1930 pasó a manos del Banco Agrícola, Comercial e Inmobiliario del Uruguay, de Concepción del Uruguay, y en 1940 a Carlos Federico Enrique Maier, y a su esposa austríaca Ana María Sacher.

Desde los años 30 la ocupaba con su granja avícola otro matrimonio, que introdujo otro concepto de esta antigua actividad regional.

En 1957 ellos lo adquirieron hasta que lo transfirieron en venta a su actual propietario, don Luis Bidal y su familia.

En la década de 1930 se establecieron en esa quinta don Carlos Germán Enrique Strathmann, berlinés, y su esposa Gertrudis Olschewsky, nacida en Berlín en 1889.

Se afincaron en la antigua casona de piedras coloradas, en lo que era por entonces una barranca enorme, de abruptas piedras coloradas que erizaban la ribera del río Uruguay, con unos pocos arenales y muchos sarandíes.

El tiempo, y la metamorfosis del sector, cuando pasó a ser el corazón turístico de la región, le asignaron otra función urbana y sepultaron la barranca bajo grandes arenales. También se apiñaron allí numerosas edificaciones como la disco Caimán, el Comedor El Mangrullo, la Colonia de Vacaciones de Bioquímicos, y numerosos establecimientos para alojamientos. Se trazaron calles y se ornamentó la zona.

Un circuito turístico de 1937

Pero un artículo del “Diario del Pueblo, dirigido por José Orlando Ferrari, del 23 de noviembre de 1937, hace casi 75 años, nos pinta otro panorama.

Para conocer “el esfuerzo que realiza el señor Strathman, que ha organizado la granja de su propiedad, sita dos cuadras al Sud del parque, fuimos a visitarla, quedando favorablemente sorprendidos”

“Digamos enseguida que la “Granja Piedras Coloradas”, es un exponente de una férrea e inteligente voluntad al servicio del fomento de la avicultura racional”.

“Su propietario y fundador, lo primero que hizo fue la instalación del gallinero y sus diversas dependencias: sala de incubadoras, de cría para centenares de pollitos, corrales para pollas y pollos separados entre sí, para reproductores , para posturas de huevos sin engalladuras y comunes”.

“En cuanto al plantel, escogió ejemplares de raza Leghorn, blancas, de primer orden”.

“Con la subdivisión de las dependencias antes mencionadas, el sistema de alimentación, bebederos higiénicos, los dormitorios dotados de los elementos indispensables para la defensa de las aves, no solo se reduce al mínimo las enfermedades, sino que se aumenta la producción”.

Por eso aconsejaba una visita a “todos los espíritus progresistas, en primer lugar el personal docente y alumnado, para que se percate de las ventajas de abandonar la rutina que constituye la cría de aves dejándolas librada a su albedrío y sin mas gallineros que las ramas de los árboles”.

Y se resaltaba su valor turístico :”para los que desde la fecha vengan a pasar algunos días a Colón, esa granja de las Piedras Coloradas, ha de resultarles una nota interesante”.

Es esta granja modelo, uno más de los retazos de un Colón al que no podemos sepultar en el olvido.


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