Se devela un enigma histórico regional: Barú
Por Alberto Pierotti - Luis
Guerrina

Tras cien años de búsqueda sale a la luz la personalidad de
Francisco Barú y Maravillán, de quien mañana se cumplen 132 años de la muerte.
El hombre que dio el nombre al pago donde nació el Gobernador Urribarri: padre
de 15 hijos, y así y todo su recuerdo se había perdido por completo para 1900.
Mañana, ahora se sabe, se cumplen 132 años del fallecimiento
del Coronel Don Francisco Barú y Maravillán.
Varios vecinos y en particular dos curas muy populares y
recordados en la Parroquia del Sagrado Corazón y la Medalla Milagrosa de Arroyo
Barú ( los Padres Eliseo Melchiori y Omar Ojeda), buscaron en vano durante
muchísimos años el “hilo de Ariadna”, la punta del ovillo que los guiara por los
laberintos de la Historia, para dar con una de las figuras políticas e
institucionales, de la primera mitad del siglo XIX más ocultas por los
misteriosos velos de la historia entrerriana.
El precio por pensar diferente
Se trata del hombre que prestó el nombre a una de las
estaciones del Ramal Caseros- Salvador del Ferrocarril Entrerriano, la más
norteña de las intermedias del mismo, “Arroyo Barú”, y a un curso del agua que
viene a formar el Arroyo Palmar, quien, podemos afirmarlo con toda la
documentación en la mano, fue a contramano con la mayoría de los de su tiempo.
Porque fue unitario cuando casi todos, por convicción o por
interés estudiadamente calculado, se coloreaban de rojo punzó las prendas y, aún
más, el pensamiento, para parecer federales, dejando bien guardado el azul
unitario.
Y por lo que le resultó a la postre más perjudicial y
contribuyó a su desdicha, embargo de los bienes, y ser tildado de “salvaje
traidor, loco, anarquista, unitario Barú”: fue amigo del coronel Espino y de los
generales José María “El Manco” Paz y Juan Lavalle, cuando ascendía, lenta pero
inexorablemente, la estrella de su contemporáneo el General don Justo José de
Urquiza, al cenit del firmamento político e institucional, de la provincia
primero, y del país y el Cono Sur, después.
Y más tarde, se permitió mostrarse en Buenos Aires, e
inclusive en el propio Palacio San José, del brazo del General Bartolomé Mitre,
en los encuentros con el omnipotente caudillo y hombre de estado entrerriano,
para reclamarle por los bienes embargados más de dos décadas atrás, y lanzar con
su rúbrica, furibundos artículos periodísticos en diarios de Buenos Aires, que
devinieron en un juicio por injuria que ganó Urquiza en 1869, bajo el
patrocinio del doctor Estevan María Moreno.
Y porque cometió el “pecado” de ser fiel a sus ideales, o
porque tuvo el poco tacto político de aceptar ocupar la “Comandancia” del
Segundo Departamento ( es decir una especie de vice gobernador, sobre la costa
entrerriana del río Uruguay), reemplazando a Urquiza o más tarde a sus
representantes, en cada invasión o cambio de gobierno en la década de 1830 y
primeros años de la de 1840, terminó por perderlo todo en la provincia de Entre
Ríos.
Comerciante acaudalado
Pero hombre de su tiempo al fin, el Coronel Francisco Barú y
Maravillán de carne y hueso, fue un comerciante que seguramente aprovechó las
oportunidades que se le presentaban a los despiertos de inteligencia y livianos
de escrúpulos, como eran casi todos los jóvenes que hicieron una fortuna , que
el cabo de la vida los transformó en hombres acaudalados, por aquellos primeros
años tan convulsionados, sangrientos e inestables de nuestra vida independiente,
como lo muestran documentos irrefutables.
La búsqueda por el Cono Sur
Olvidado por las crónicas entrerrianas, soslayado en las
historias que se escribieron a partir del General y Doctor Benjamín Victorica,
pasando por Benigno Texeiro Martínez, Leoncio Gianello hasta las mas actuales y
filourquicistas debidas a las magistrales plumas de Beatriz Bosch y de Oscar
Urquiza Almandoz, se efectuaron a comienzos de la década de 1970, finales de los
años 80 algunos intentos por ubicar su vida, su patria de nacimiento, el nombre
de sus padres, el sus hijos, su actuación anterior y posterior a sus dos décadas
largas de actuación en Entre Ríos, y su deceso, pero casi nada se logró conocer.
Después de dos años de paciente búsqueda por buena parte de
los archivos, registros, obispados y parroquias de Entre Ríos, Santa Fe,
Corrientes, la República Oriental del Uruguay, el estado de Río Grande Do Sul y
Buenos Aires, todo ello, así como su morada y la tierra que guardan sus restos
han sido localizados, en el trabajo costeado con nuestros propios fondos, que
tiene por fin editar en varios tomos la gran hazaña del poblamiento de Colón, el
Arroyo de la China y la costa entrerriana del río Uruguay, y que llevamos a
cabo. En el tomó 1 se incluirá, íntegra, entre otras cientos, la novelesca vida
de Francisco Barú y Maravillán.
¿Quién fue Francisco Barú y Maravillán?
Nacido en 1798 en Buenos Aires, falleció en esa misma ciudad,
en 1879, hace mañana 132 años.
Afincado a los 20 años en Entre Ríos , se desempeñó en el
comercio de un conocido y ya anciano hombre de negocios español en el Arroyo de
la China, donde permaneció hasta 1842. Tuvo destacada actuación en la vida
institucional del 1820, militar y fue vinculándose con distintos actores
sociales, políticos y económicos
En ese lapso hizo fortuna y compró una casa en Concepción del
Uruguay, una quinta donde instaló un incipiente saladero en las márgenes del
arroyo El Tala, que fue una Posta del camino a Gualeguaychú, viejos “títulos” de
una estancia en Tala ( el actual departamento), dos estancias en el actual
departamento Colón ( “El Palmar”, donde se encuentra el pueblo “Arroyo Barú” que
legalmente fue sólo un campo de “posesión” o “pastoreo”, ya que formaban parte
de los “Campos Calera Barquín” que esa familia colonial vendió después al
General Urquiza, en la década de 1860) y “Arroyo Grande”, otra en Mandisoví y
otra en Río Grande Do Sul. También otra en la Provincia de Buenos Aires, en San
Vicente.
En Entre Ríos, con ninguna de las varias mujeres que le dieron
al menos 6 hijos naturales, formalizó relación alguna en el lapso de 20 años de
su permanencia. Con algunos de esos vástagos, perdió contacto: tal el caso del
coronel uruguayo Francisco Barú, el hijo goyano nacido en 1837, que fue Jefe
Político de Paysandú, donde falleció y descansan sus restos.
Casado ya anciano, en 1873 con la mujer que le había dado para
el momento muchos hijos, una montevideana ¡41 años menor!, misia Ángela Molina y
a quien conoció cuando ella contaba con 15 años de edad y el con 56 años de
edad.
Tuvo 9 hijos (el último a los 80 años !) , y poco afecto a las
formalidades de rituales religiosos, tomó por costumbre bautizarlos de a dos y
hasta de a tres por vez: a Luisa y Josefa, en 1868; a Francisco ( el segundo del
mismo nombre, no el nacido en Goya), Isidora y Leonidas el mismo día en el que
finalmente se casó en 1873, y a Emilio y a Concepción, pocos días antes de
fallecer en 1879. Sólo bautizó por separadas, pero cuando ya contaban cinco años
cada una de ellas, a Baldomera, en 1860, la primogénita y a Angela, en 1864.
Falleció el 25 de julio de 1879, con 81 años de edad, por una
neumonía mal cuidada y fatal , en aquel crudo invierno porteño, y cuando aún
actuaba, como prestamista de fuertes sumas de dinero. Producido el deceso, su
viuda no reparó en gastos, al contratar un cortejo fúnebre de seis coches a la
importante empresa de pompas fúnebres “La Porteña” de Lauro Cabral, que fue la
responsable de la inhumación el domingo 26.
Atrás quedó su hermosa casa porteña del barrio de Monserrat,
de tres grandes patios, dos aljibes, techos de azotea, profusión de herraje,
mármoles y cristales, y la fortuna que había logrado rehacer, con cinco grandes
caserones (incluso el Hospital Militar era de su propiedad) y muchas estancias,
después de abandonar precipitadamente Entre Ríos hacia el Brasil, en 1842, tras
la derrota del General Paz a manos de los federales del General Urquiza.
Ironía
Una ironía de la historia lo salvó del olvido de la
posteridad. Porque a Barú, la animadversión de una época aciaga de nuestro
pasado lo pretendió borrar de la memoria, y fue un hecho fortuito el que no lo
permitió: que asignaran su nombre a un pueblo y a una estación ferroviaria en
1911, sin que los autores de tal decisión, los ingenieros ingleses de The Entre
Ríos Railway Co, supieran de quien se trataba .
Y ahora, a 132 años de distancia, y gracias a este ambicioso
proyecto del rescate patrimonial histórico de la región del río Uruguay con
centro en Colón, muy avanzado ya, comienza lentamente la reparación y el
homenaje, con quien fuera un encumbrado dirigente provincial en su día, pero
cuyo rastro se había perdido totalmente unas décadas mas tarde.
Fábula. Alberto Pierotti no duda en afirmar que “la Historia
oficial del pueblo es una ficción” y explica por qué: “Hace unos años hubo un
intento por conocer los orígenes de la fundación de Arroyo Barú, pero se no
llegó a nada y entonces se inventó una historia en la que se trazaron
paralelismos con personajes de la realidad”.
El investigador pudo reconstruir que Francisco Barú y Maravillán era propietario
de dos estancias en el territorio que actualmente comprende al departamento
Colón: El Palmar, donde se encuentra hoy el pueblo de Arroyo Barú, que era un
terreno de posesión o pastoreo de animales; y Arroyo Grande. La primera fue
expropiada y luego cedida a Ciriaco Barragán y Melitón Lascano, dos militares
urquizistas.
“El nombre de Barú quedó borrado completamente de la Historia oficial, pero la
gente del pago siguió llamando así a toda esa zona”, afirmó Pierotti.
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