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La creación del "falansterio", fue una
experiencia insólita del siglo XIX, una
comunidad singular que vivía del
trueque. Jean Joseph Durando, fue sin
duda su principal protagonista.
Falansterio, viene de "falange".
Significa edificación para
actividades de gente que vive en
comunidad. La recreación del
falansterio siguiendo las ideas de
François Fourier (1772-1837),
socialista utópico francés, uno de los
antecesores del socialismo científico,
autor entre otras obras de “El nuevo
mundo industrial y societario”.
Era una asociación voluntaria de
familias que vivían en comunidad. Nadie
los obligaba; el que quería entraba,
como en una cooperativa. El valesano
Jean Joseph Durando había formado un
pueblito, una "petite place", con los
que lo seguían, llamado también colonia
Hugues. En sus orígenes fue
establecimiento Agrícola-Industrial, que
después tomó el nombre de su fundador,
Durando.
Hijo de una suiza, Jean Joseph Durando
había nacido en Evionnaz, cantón del
Valais, donde transcurrieron los años de
su infancia.
Cuando murió su madre Marie Louise
Coquoz en 1874, emigró a Sudamérica.
Llegó a Entre Ríos, donde trabajó en
varios oficios: carpintero, relojero,
herrero o leñador en las colonias.
Su ideario estaba inspirado en François
Fourier, pensador francés de comienzos
del siglo XIX que imaginó una sociedad
agrícola modelo donde todos sus miembros
compartían un trabajo planificado que
apuntaba a su crecimiento, a su atención
sanitaria y al desarrollo cultural
común.
Con aroma socialista
El valesano Durando con la energía de su
tradición conservadora y de un
catolicismo practicante y disciplinado
realizó una organización social con
aroma socialista. En San José creó la
colonia Hugues, un espacio compartido
con su esposa Emma Pittet, del cantón de
Vaud y su primogénita Josephine.
La comunidad agrícola-industrial
abarcaba dos centenares de hectáreas con
lo que se hacía respetar en cuanto a
progreso económico.
Durando incluyó en su búsqueda el
auxilio religioso a su numerosa
comunidad a la que inducía, no a un
nihilismo que negara toda creencia, pero
sí—consciente de que todo se desarrolla
en el interior del hombre —a un nuevo
compromiso con la fe en lo que “Grand
Père” proveía mostrando el camino por
seguir cada vez que su interlocutor —Monsieur
Durando—lo consultaba concentrándose en
sus invocaciones al caer la tarde.
Su palabra era, entonces, la palabra de
Dios. Ello así aunque cada vez que
anunciaba: "Hablé con Mon Père, Notre
Père o Le Grand Père", agregaba que
también los demás podían lograr una
comunicación directa con Él sin su
intermediación.
Consejos y medicinas
El sentimiento religioso de la comunidad
había encontrado un cauce por donde
expresarse.
“Se le consideraba un tocado por la
Providencia, su instrumento,
inspirándose en su amor para las curas o
milagros para lo que era preciso la
creencia, la fe en Dios. No cobraba
porque —agregaba con humor—. "Ése a
quién consulto tampoco me pide nada".
También, a veces, recetaba algún té o
aconsejaba recursos de la medicina
natural.
Más de un siglo atrás en que el
aprendizaje de la tolerancia política y
religiosa progresaba con la lentitud que
madura una fruta, eran previsibles
fuertes enfrentamientos.
Y los hubo.
Contrariado el abate de Hugues lo
visitó para tratar de disuadirlo de
continuar considerándose con el poder de
comunicarse con Notre Père y
transmitiendo a las personas la voluntad
divina sobre cómo resolver sus
cuestiones domésticas. No logró
convencerlo y esto enojó aún más al cura
católico. Se quejó entonces al párroco
de Colón y al obispo de Paraná. Lo acusó
de que el casi centenar de personas que
vivían en el Establecimiento trabajaban
los días de guardar, que había chicos
sin bautizar y que no siempre recibían
enseñanza religiosa.
La autoridad católica consideraba el
Falansterio de Durando de "espiritista".
La Iglesia lo combatía y había logrado
la deserción del Establecimiento de
numerosas familias.
Pero Jean Joseph Durando, que conocía y
había practicado los más diversos
oficios, continuó desarrollando y
vigilando sus asuntos mundanos. Y los
del Más Allá, con la fortaleza mística
de su corazón que, tal vez, creía
iluminado.
Una colonia autoabastecida
Sus principios, con un toque de
fragancia cooperativista y la embriaguez
de la utópica organización social
concebida por François Marie Charles
Fourier, llevaban ahora el sello con la
"D" del estilo Durando.
El Establecimiento producía
prácticamente todo lo que se consumía,
sembraron la tierra, cultivaron
hortalizas, decenas de hectáreas con
viñedos, fabricaban y vendían vehículos
de transporte totalmente terminados,
hacían reparaciones. Plantaron árboles
frutales, se hacían ladrillos para la
construcción, instalaron un molino
harinero, contaba con carpintería,
herrería, guardería zapatería,
maquinarias agrícolas.
Elaboraban vinos que conservaban en
toneles, facturas de cerdo, "pan colón",
orejones, licores, grapa, conservas. Los
dulces, que envasaban y los que
agasajaban a las ocasionales visitas. Y
confeccionaban la ropa para todos.
Organización y Disciplina
Funcionaba también una Escuela de
Primeras Letras, Artes y Oficios,
considerada modelo y donde mujeres y
varones aprendían diferentes oficios en
forma teórica y práctica, además de
música y matemáticas, haciéndose el
estudio de la lengua en francés y
castellano.
Tenían también la oportunidad de
integrar la tan importante como
recordada Banda de Música que le daba un
toque distintivo a la comunidad. A los
exámenes finales que culminaban con una
gran fiesta, asistían personalidades y
educadores de las colonias, de Colón,
San José y Concepción del Uruguay. La
prensa de la zona elogió la obra
educativa del Establecimiento.
Se trató de un ideal del que toda la
comunidad, sin excepciones, participaba
con alguna responsabilidad. Durando
había logrado organización y disciplina
en el trabajo, que eran características
del pueblo suizo en particular. Las
normas establecidas debían observarse
estrictamente.
Pero esta organización vertical de la
sociedad lo apartaba de la práctica
ortodoxa del pensamiento de Fourier.
Una larga mesa con bancos caracterizaba
el comedor de esta experiencia inédita
durante la segunda mitad del siglo XIX
donde el intercambio se hacía por
artículos, no por dinero. No existía
moneda en el Falansterio ya que todos
trabajaban para la comunidad. Tampoco se
permitían discriminaciones religiosas ni
por nivel social. Durando tuvo una
relación armoniosa con los vecinos y
llegó a presidir la Liga para la Defensa
Agrícola.
Por décadas desarrolló esta experiencia
rural escudriñando en un mundo
idealizado, con la imagen de una fiesta
contenida.
Su autoabastecimiento fue un hecho
indiscutible.
De nada sirve llorar lo no realizado:
Jean Joseph Durando fue para los hijos
de Entre Ríos alguien que tuvo la
osadía, el coraje de abrir una huella.
Le sucedió al frente del
Establecimientos por varios años alguien
que había contado siempre con toda su
confianza: Luis Jatón, casado con una de
las primeras maestras del Falansterio.
Swisslatin - Héctor Norberto Guionet
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