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Emprendimiento conjunto entre
www.ZonaColon.com y Diario El Entre Ríos
para el rescate de la memoria
regional
Quirós el hombre que enseño a los colonenses a valorar el pedazo
de tierra que le habían asignado Urquiza, Sourigues, Elías y Peyret
Por Prof. Alberto Pierotti para El
Entre Ríos
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Colón se encuentra en uno de los mas bellos parajes que forma en
su largo trayecto desde el Brasil el viejo río Uruguay.
Ya lo advirtieron a lo largo de las centurias todos los viajeros que por
distintos motivos pasaron por la región y lo puntualizó claramente el fundador,
el General Justo José de Urquiza el 12 de Abril de 1863. Por algo trazaron y
delinearon en esta meseta y barrancas el futuro poblado el ingeniero Carlos
Sourigues acompañado por Alejo Peyret y defendió el nombre el poeta, escritor y
senador don Angel Elías.
El aprovechamiento del río para los baños estivales se venía
verificando desde el momento mismo de la fundación, y por ello en la década de
1870 y en la de 1880 la Municipalidad debió dictar ordenanzas fijando lugares
habilitados y hasta exclusivos para mujeres y niñas y para hombres y niños, y
una zona prohibida para separarlos, entre las actuales Urquiza y 12 de Abril.
Ya a comienzos del siglo XX se realizaban excursiones desde
las poblaciones vecinas ( San José y Villa Elisa) y Paysandú y Concepción del
Uruguay.
Pero es mérito exclusivo de Quirós la delineación de las
grandes obras públicas, de neto carácter pintoresquistas,que se apropiaron del
paisaje natural y le dieron , para bien o para mal, la fisonomía que tiene hoy
la ribera de Colón y le regalaron a la población local y a los visitantes
enormes y espaciosas áreas públicas para el solaz y el esparcimiento, para el
deporte y la recreación.
Y para ello buscó asesoramiento nada mas ni nada menos que del
célebre Ingeniero Thays y del director de Paseos de Buenos Aires.
Y fue Quirós el que enseñó durante una década, y a pesar de
las mezquindades y el desaliento de algunos colonenses, y hasta que la parca se
lo permitió, en 1931, a apreciar a Colón como el “lugar mas lindo del mundo”
como él repetía una y otra vez en artículos, cartas, notas y discursos.
Quirós es el hombre que enseñó a muchos a amar y sobre todo a
valorar a Colón, que adoctrinó con el ejemplo que no importan los obstáculos,
sino que valen las obras, las luchas, los afanes, las ideas y sobre todo su
concreción. Y todo con una modestia y una humildad infinitas, que realmente
conmueven.
El modificó para siempre la ribera de Colón con el gran Parque
( y eso que no pudo hacerlo tan grande como quería), el Club de Remeros y el
Pontón, el Balneario que después se denominaría Piedras Coloradas, pero que él
instó a crear, la Avenida Fluvial o Costanera, la construcción amplia y sólida
del Puerto, el embellecimiento de las plazas, la Jorge Washington siguiendo la
traza de la Primero de Mayo de Paraná, la San Martín con su querida estatua del
Prócer que hizo realizar en un taller de fundición de Buenos Aires ( el de Luca)
y logró inaugurar en 1928 junto con el Parque Escolar, el plantado de miles y
miles de árboles, de plantas, y el trazado de calles, la creación de las
actuales Escuelas de Educación Técnica N 1 y N 2,
la Escuela Agrotécnica,
la edificación de
la Maternidad y
nuevas salas en el Hospital, el gran edificio de la biblioteca Fiat Lux, el
desaparecido museo de Colón, el desaparecido Internado Fraternal, la
desaparecida Banda de Música para 95 instrumentos, puentes como el de Liebig, el
del Palmar y del Urquiza, y su mayor proyecto, que la muerte frustró: el
ferrocarril del estado de Paraná a Colón con ferriboat a Paysandú para continuar
a Montevideo y al Brasil. |
La Plaza San Martín, la modestia y los árboles
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Herminio Juan Quirós fue un gran humanista, al igual que los que
lo acompañaron en Colón como presidente del Centro de Fomento Departamental.
Sólo por el abandono, la desidia y la ingratitud no tiene una placa que lo
recuerde. Herminio Quirós mostró su empeño reformista,
al redactar la ley de derechos civiles de la mujer y la reforma al Código Civil
encaminada a borrar las clasificaciones de hijos.
Con ese espíritu de higienista, encaró su magna obra: el
Parque Quirós y el arbolado total de Colón del que quedan aún restos en los
Boulevares González y Ferrari, calle las Piedras, la zona del Cementerio y el
Parque Quirós, todos poblados con tipas plantadas en los años 20.
“No teman por las obras. Todas se ejecutarán. Comprendo las
inquietudes de ustedes, ya que tantos años las han esperado al extremo de haber
perdido ya las esperanzas de conseguirlas. Pero les aseguro que asi como las he
conseguido batallando sin descansar, así continuaré batallando hasta verlas
realizadas, y se realizarán todas, si vivo”, sostuvo.
“Algún día debía salir el sol para Colón”.
Una vez, desconcertó a los promotores de un homenaje popular,
que se le tributaría en los años 20 en Colón.
A don José Bernard le reprochó de inmediato, apenas se enteró
“le escribo estas líneas, para no ya pedirles, sino suplicarles, que desistan
del propósito”.
“No hieran, y les pido disculpas porque bien sé el nobilísimo
y honroso y afectuoso propósito que los mueve, mi sencillez y mi modestia”.
Y si ya se habían reunido fondos, y los contribuyentes no
querían aceptarlos los mandaba a destinarlos a “una obra de arte para alguna de
las plazas de la ciudad”.
Cuando los propietarios de los terrenos vecinos al Parque
Quirós pretendieron aumentar el valor de los mismos, al intentar comprarlos para
ampliar la obra afirmó “apena el espíritu, me llena de amargura”.
“Y se trata de una obra para el pueblo, para sus hijos, que
nada les cuesta”.
“Y quieren ganar a costa nuestra que no hacemos sino
desvelarnos porque la colectividad, nuestro pueblo, goce de esa obra cuyos
beneficios para la higiene, para la salud de niños de Colón, y de los que
dejaron de ser niños, será incalculable”.
Y sobre el valor del árbol, en una carta conmovedora, y
después de anunciar que miles y miles de ejemplares llegarían a Colón, afirmó
“todo lo relacionado con la plantación de árboles es fácil, mucho mas fácil de
lo que se presume habiendo autoridades progresistas que se den cuenta de la
influencia del árbol”.
“No mas que un poquito de actividad se necesita. Nómbrese por
cuadra a uno o dos o mas vecinos, hombres o mujeres, y encárgueseles del asunto,
dándoles la línea y los árboles. Claro es que mejor fuera que la autoridad
hiciera las plantaciones”.
“Cuiden toda la ciudad”
“Cuanto mayor sea el número de planta que tengamos mejor”. “A
ud ( a Eduardo Torrieri) y a Dessimaux ( el intendente municipal) hago
especialmente responsables si no se transplantan todos los árboles y se plantan
por los menos tres mil árboles mas en el pueblo”, afirmó en 1927.
Quirós encontró intereses al realizar la Costanera, al
realizar el Puerto, el Parque y las Escuelas. Y no se desanimó.
Visitaba personalmente la obra de fundición del general San
Martín y pensaba en verla colocada en la Plaza homónima “la misma en que cuando
niño esperaba la salida del sol, los 25 de mayo, para cantar el Himno Nacional”
“para que ostente en su centro, a la veneración y para enseñanza de cuantos
pasen por allí, la estatua del gran héroe civil y militar”. |
Eduardo Torreri: La mano derecha de Quirós que hemos olvidado
los colonenses
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El Dr. Quirós soñaba y trabajaba con “humildad, sereno carácter y
admirable consagración cívica” y el empresario del tabaco y la imprenta velaba
con celo para que todo se cumpliera. Casi se permitía
dejar de lado por un momento el gesto adusto y sonreír. “¿Quién me habrá
mandado?” pensaba con buen humor, después de dejar
La Honradez, la fábrica
de cigarros, cigarrillos y toscanos, del que era propietario con su socio Carlos
Galina, en la entonces calle Suipicha 324 ( hoy Sourigues 27) de Colón.
Andaba buscando en la colonia cuatro o cinco quesos, una
docena de botellas de licor de miel “del mejor” , una de miel pura , y tenía que
pasar por lo de Guillermo Ferrari a retirar dos quesos mas y unos que había
dejado en lo de Dantas. Las indicaciones eran claras. Debían ser “chicos”.
Pasó también por lo del “amigo Dutruel”, que le había
prometido algunas botellas y una vez cumplida
la tarea, las envió al estudio de abogado de Avenida de Mayo
1190, en Buenos Aires.
Mientras disponía la consignación de los quesos, dulces,
botellas de miel y de licor elaboradas con antiguas recetas en la colonia San
José y en el ejido, seguía sonriendo.
Es que Eduardo Torrieri, el encargado de la tarea de
recolección de productos de la “colonia” debía enviarlos con celeridad, a su
“gran amigo” el entonces diputado doctor Herminio Quirós porque “el Presidente
está reclamándome por varios conductos y esa propaganda que ha hecho que otros
también se apunten, así como a la miel que allí probaron algunos y que hoy me
piden muchos”, según le explicó en una carta desde la Cámara de Diputados de la
Nación fechada el 1 de julio de 1926.
El Presidente deseoso de degustar los ricos productos de la
zona no era otro que el mismísimo doctor Marcelo T. de Alvear, presidente de la
República entre 1922 y 1928, radical y del mismo sector interno que el doctor
Quirós, con quien tenía trato desde las jornadas fundacionales de la Unión
Cívica, después de julio de 1890, cuando ambos se sintieron movilizados con
sincero fervor cívico por el caudillo doctor Leandro Alem.
Quirós y Torrieri, guías turísticos
Quirós estaba enamorado de su terruño natal con locura de
adolescente.
“Hágale conocer los alrededores de Colón para que así esté en
condiciones ese artista de decir en el extranjero, a donde se dirige, que Colón
es el mas lindo lugar en el mundo” le encomendó en una carta a Torrieri, cuando
el concertista Luciano Sgrizzi, al que protegía como a tantos otros, a Luis
Perlotti, por ejemplo, y lo envió a presentarse desde Buenos Aires, al Teatro
Centenario el 5 de noviembre de 1925, que se había inaugurado el 25 de mayo de
ese mismo año.
Ese tributo de Quirós a Colón como tierra madre, ya lo
puntualizó y observó el diputado del departamento, el radical Juan Guiot, cuando
señaló el amor filial del ex gobernador, en un discurso que dirigió a la enorme
multitud que demoró setenta minutos en llegar desde el Templo de los Santos
Justo y Pastor a la necrópolis, al colocarse la piedra fundamental del monumento
y se trasladaron los restos del ínclito colonense, en la tarde del domingo 15 de
abril de 1934.
Sostuvo Guiot “La historia del doctor Quirós es la historia
cordial del hijo que saliendo del hogar en busca de nuevos horizontes, honra a
la madre en la límpida ejecutoria de su vida”.
Pero Eduardo Torrieri, tiene un mérito muy especial porque no
nació en Colón, sino que vino con más de veinte años a nuestra ciudad desde su
Lanciano natal, allá en las costas del Mar Adriático, en el Este de Italia, y
honró con su trayectoria a la ciudad en la que trabajó sin pausa e hizo fortuna,
y donde encontró a la mujer con la que compartió más de cincuenta años, Isabel
Massera, y tuvieron por enorme prole doce hijos, pero sobre todo pensando más
que en el pasado, en el porvenir, como hombre de empeño que era, y por lo tanto
en sus hijos, y en los hijos de sus hijos.
Lo que es decir dio diez años de su vida sin esperar nada a
cambio, por las generaciones futuras, y es deber de estas, honrar su memoria y
recordar a tan dedicado y desinteresado vecino.
Y hay que recordar además que Torrieri no cobró ni percibió un
peso, porque hacía todo para el progreso de Colón y para colaborar con los
proyectos del doctor Quirós que le enseñó a no desmayar, y sobre todo a trabajar
sin proclamar ni dar a publicidad lo que hacían, en mantener la tarea en la
reserva, sin bajar los brazos cuando se encontraban en el camino con el interés
material, la usura, el desaliento, la abulia, los rumores y la falta de
compromiso por las causas nobles y bellas.
Quirós y su grupo de colaboradores, Luis de Donatis,Domingo
Antonini, y otros funcionarios y personas vinculadas con las instituciones como
José Desimaux, Martín Usal, Julio Pintos, Dantas, José Bernard, Miguel Esteva
Berga
y el padre Goiburu, y algunos otros por sus empleos nacionales
como el Ingeniero Juan Massera, Carlos Reibel, encabezados por Eduardo Torrieri,
mostraron que es posible empeñarse en grandes proyectos y mejorar la calidad de
vida de la población dotando una ciudad con parques, paseos y edificios
públicos, libres y gratuitos para los libros, la salud, la educación, la
enseñanza y el deporte y recreación, y sobre todo la higiene y la vida sana.
Otros tiempos, otras actitudes
En tiempos de interés, de muchas palabras y casi ningún hecho
u obra, de pequeñez y egoísmo, de empresas, visión y emprendimientos para unos
pocos días, y no para muchas décadas y aún siglos, son mas que inspiradores ,
ejemplos como los de Eduardo Torrieri, sus colaboradores y el inspirador de
todos, el doctor Herminio J. Quirós. |
Eduardo Torrieri: Un inmigrante italiano que trabajó mucho y
progresó en Colón
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Formó una familia con Isabel Massera y tuvieron once hijos. Su
industria del tabaco alcanzo gran expansión. Lanciano es
una pequeña ciudad medieval de los Abruzos, en Italia, en la provincia de
Chieti.
Se encuentra en la costa del Mar Adriático de Italia. Tiene
una población de 36 mil habitantes. En su basílica se conserva desde hace más de
doce siglos el primero y más grande de los milagros Eucarísticos: el milagro
eucarístico de Lanciano.
Allí nació el 23 de febrero de 1878 Eduardo Torrieri, en un
hogar acomodado de fabricantes de paños y terratenientes. Tras distanciarse con
su familia abandonó la península con un hermano con destino a Buenos Aires. El
permaneció en nuestro país y el hermano viajó a Estados Unidos, donde se afincó.
Después de permanecer un tiempo en Buenos Aires, en la casa de
familiares que lo habían precedido en el deseo de “hacer la América”, buscó
otros rumbos y recaló en Colón, donde se vinculó y comenzó a trabajar con Miguel
Enrique Seoane en la imprenta ( la máquina la habían adquirido a Ramón Noailles
en 1895) y fábrica de cigarros y cigarrillos “La Honradez”.
En esa firma aprendió el oficio fabricando los cigarrillos
“Coronel Lamas” y “Entre Ríos”, que se vendían en toda la costa entrerriana del
río Uruguay. La Honradez se encontraba en la actual esquina de 12 de Abril y 25
de Mayo, donde hoy gira la Pinturería López.
Con el tiempo se independizó de Seoane, y a comienzos de siglo
XX se asoció con Carlos Galina ( que entre otras actividades había tenido una
“Agencia Marítima” con Alejandro Lazcano en la casona de las actuales Peyret y
12 de Abril).
Se trasladan a Suipacha 324 ( hoy Sourigues 27), donde
levantan un enorme edificio. “La Honradez”, aún proclama en la fachada, y los
nombres de los primeros propietarios “Torrieri y Galina”. Allí fabrican bajo los
nombres “Mio y Suyo” cigarrillos, los cigarros “Guerrillero.
La edificación contaba con un patio central, galpones de
depósito de tabaco, secadero, manufactura en los fondos, y la administración en
las dos grandes salas del frente. Patio, sanitarios y otras dependencias entre
las que sobresalían importantes sótanos. Años mas tarde se levantó al Sur, la
edificación de la imprenta, por calle Sourigues, en la que se realizaban
importantes trabajos para libros de contabilidad y todos los impresos, cajas y
etiquetas para la Fábrica Colón de la Compañía Liebig.
Con el tiempo le compró la parte a Galina y quedó como único
propietario de “La Honradez”.
Allí se celebraban reuniones del Centro de Fomento
Departamental, del que era presidente y se había conformado a instancias del
entonces diputado nacional Dr. Herminio Quirós. Allí se apersonaba en sus
visitas a Colón el legislador
y en ese edificio se guardaban las estatuas del Aguila, de
Dante, los Dragones, los leones alados, la Venus de las Horas y otras muchas que
un día poblaron y dieron brillo al parque Quirós en los años veinte en plena
construcción. Allí jugaban con esos leones, dejando volar la imaginación los
hijos menores de Torrieri.
Con el tiempo compró toda la manzana de las actuales calles
Sourigues,
9 de Julio, San Martín y 12 de Abril salvo dos lotes de 12 de
Abril y 9 de Julio. Fue edificando salones ( como el que ocupó el Banco de Entre
Ríos muchos años), dependencias y su vivienda particular en calle 12 de Abril,
donde ahora reside la familia Campodónico, que también le compró el salón de la
imprenta a sus herederos. También adquirió una enorme propiedad donde ahora se
levanta el Banco de Entre Ríos de Colón, la manzana donde se encuentra la
Estación de Servicios YPF y otras en las afueras ( en aquel entonces) de Colón.
Se casó con una colonense, Isabel Massera, con quien llegó a
celebrar cincuenta años de casados, y nacida el 24 de septiembre de 1881 y
fallecida el 16 de febrero de 1957.
De la unión nacieron Paula, Felipe, un hijo que falleció
pequeño, Laura, Mario, Lidia, Elena, Aldo, Yolanda,
Iole, Osvaldo y Rolando.Algunos quedaron en Colón y otros
tantos viajaron y permanecieron en Nogoyá, en Concepción del Uruguay, en Mar del
Plata y en Buenos Aires. Hoy sobrevive, a punto de cumplir 99 años años Laura
Torrieri de Dantas.
Hombre aplicado al trabajo, estricto, enérgico, gustaba
compartir con su familia los pocos ratos de ocio. Había vestido su vivienda con
esculturas y pinturas. “Era un hombre al que le gustaba el arte, la pintura, el
piano”, recordaron sus descendientes al hablar con
El Entre Ríos.
Lo recordaron como un buen esposo, un buen padre, un buen
empresario y un buen ciudadano.
Era muy respetado, y sabía conducir a obreros y empleados
tanto en La Honradez como en la construcción del Parque Quirós, donde iba todas
las tarde y se encontraba con los integrantes del Centro de Fomento, sentándose
en bancos conocidos como “el grupo de los siete” por el número de contertulios.
Hasta sus últimos días, en 1963, se mantuvo lúcido y guardó
gran respeto y admiración por quien llamaba “mi gran amigo el doctor Quirós”.
Buscó labrarle el porvenir a su numerosa prole. A alguno, por
ejemplo a su hijo Felipe, lo envió a estudiar primero a Concordia, y después dos
años a Italia, donde residió con su tío obispo y su tía que hacía de ama de
llaves. Allí se vincularon de nuevo las familias, distanciadas hacía treinta
años. En 1927 Felipe volvió a Argentina. Por trámites en el pasaporte que le
exigió el gobierno de Mussolini, no pudo tomar el barco para el que había
comprado pasajes y partió unos días después. El barco en el que debía viajar,
naufragó en el Atlántico en las costas del Brasil y se ha hecho famoso en la
historia de las tragedias del mar: era el “Principessa Mafalda”, donde murió por
salvar a muchos pasajeros el Conscripto Bernardi, otro entrerriano.
Era progresista y tuvo de los primeros teléfonos, un novedoso
sistema de iluminación y uno de los primeros autos del departamento. Es que el
auto francés modelo 1905 que se exhibe en el Museo de la Colonia San José.
Cuando lo compró, desde la casa vendedora en Buenos Aires le
enviaron un telegrama avisando que iba el automóvil y también el mecánico y
chofer que permanecería en Colón un mes para enseñarle a conducir y todos los
secretos de la mecánica. No era para menos… por primera vez en la ciudad se
dejaban los coches de tracción animal y se lo reemplazaba por la mecánica.
El primer viaje fue a Concepción del Uruguay y fue una proeza.
De todos lados la gente salía para verlo y celebraron el record: llegaron en una
hora cuarenta y siete minutos. La última patente que le pagaron es de 1917. |
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