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16/04/07 - TENDENCIAS EN
TURISMO La
hora del turismo ecológico
El perfil de los
ecoviajeros y las
certificaciones y
estrategias para reducir
el impacto del turismo en
el medio ambiente.
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María Teresa Morresi.
ESPECIAL PARA CLARIN
Los viajeros responsables
empiezan a poblar este
planeta de salud sensible.
Con los ojos sutiles,
despiertos, a la hora de
elegir destinos averiguan
cuál es el impacto que
produce la actividad
turística en el ambiente,
en los pueblos, en las
ciudades y su gente.
Quieren saber si los
hoteles reciclan sus
residuos, con qué
materiales construyeron
los edificios, de dónde
provienen los mismos y qué
estrategia aplican para
reducir el consumo de
energía y de agua.
Averiguan también cómo se
evita que la gente que
transita por el lugar dañe
los ecosistemas y de qué
manera se cuidan los
recursos naturales.
Los viajeros responsables
no sólo se preocupan por
la fauna y la flora, sino
también por la importancia
y oportunidades que se les
da a los habitantes
locales. En definitiva,
ponen la lupa para
proteger la delicada trama
de la vida en la tierra.
Los ecoviajeros, junto a
la toma de conciencia de
los empresarios turísticos
acerca de la voraz
destrucción que puede
causar el ingreso
ilimitado de personas a un
destino, y la falta de
aplicación de gestiones
ambientales, dieron vida a
las ecolabelling.
Se trata de sellos que
certifican e informan
sobre las estrategias que
implementan las compañías
hoteleras, los municipios,
los gobiernos y los
operadores para que la
actividad sea económica,
social y ambientalmente
sostenible.
La Rainforest Alliance,
junto a conservacionistas
de Ecuador, creó la
certificación Viajero
Talentoso (Smart Voyager),
que se otorga tanto a las
embarcaciones que navegan
alrededor de las islas
Galápagos indicando
que no contaminan el agua,
como a hoteles americanos
que aplican normativas
ambientales. Reconocido
por la UNESCO en 2002 como
sistema que podría
implementarse en los
patrimonios naturales de
la humanidad, Smart
Voyager es miembro
fundador de la Red de
Certificación de Turismo
Sostenible de las Américas.
El programa Smart intenta
que el concepto de
sostenibilidad baje a la
práctica con la finalidad
de mejorar la forma en la
que se relaciona la
actividad turística con su
entorno. Contempla
rigurosas reglamentaciones
que, cumplidas, garantizan
una merma en los impactos
que el turismo puede
producir en el hábitat,
asegura beneficios a la
población, y promueve que
los visitantes participen
protegiendo los recursos
naturales.
Entre las pioneras se
destaca Green Globe (GG).
Normas tipo ISO para el
turismo, iniciativa
independiente que apoyan
cerca de 30 organizaciones
industriales y
gubernamentales. Siguen
las recomendaciones de la
Agenda 21, documento de la
Cumbre de la Tierra que
tuvo lugar en Río de
Janeiro. A esta
certificación acceden
empresas del sector que
cumplen con esos
criterios. Con GG además
se certifican comunidades
beneficiadas por las
actividades del
ecoturismo, cuando hacen
un uso sostenible del
hábitat y otros proyectos,
como puede ser el creado
en la ciudad de
Melbourne,
Australia, con la idea
de disminuir el consumo
energético y la producción
de residuos.
Uno de los hoteles que
tiene la Green Globe 21 es
The Lodge at Chaa Creek de
Belice, un sueño
para conectarse con el
alma y los sonidos de la
foresta, ya que está en el
medio de la selva. Está
formado por cabañas de
madera y paja enclavadas
en una reserva de bosque
que fue finalista del
premio Tourism for
tomorrow en 2006.
Enigmático por su
ubicación, en la lista
aparece el Mocking Bird
Hill de Puerto Antonio,
Jamaica, un paraíso
de biodiversidad al pie de
las montañas.
La certificación se
entrega incluso a
operadores turísticos. La
firma Wanamei de Perú,
propiedad de ocho
comunidades de la Reserva
Amarakaeri —400 mil ha de
selva virgen— situada en
la reserva de biosfera
Manu, es un lugar
especial certificado. Los
equipos organizan
excursiones por
territorios de las tribus
Harakmbut,
Yine y
Matsiguenga que viven
en las orillas del Río
Madre de Dios, lo navegan
y transitan por viejos
senderos y antiguas rutas
de caza. De noche,
descansan en bolsas de
dormir, aprenden leyendas
y costumbres.
Interesante es también la
Certificación para la
Sostenibilidad Turística
(CST) del Instituto de
Turismo de Costa Rica.
La CST considera cinco
niveles de sostenibilidad,
identificados por un logo
que reemplaza a las
tradicionales estrellas
por hojas. Lo tiene la
bella Finca Rosa Blanca,
en Santa Bárbara de
Heredia. Inspirado en
Gaudi, cuenta con un
sistema de reciclaje de
residuos que los
transforma en
fertilizantes para las
plantaciones de café.
La Asociación Biohoteles
de Austria, que
certifica en varias
naciones de la Unión
Europea, cuenta con el
respaldo de la delegación
alemana Amigos de la
Tierra. En España, ostenta
este sello bio el
hotel Venus Albir, a pocos
metros de la playa de
Albir en L'Alfás del Pí,
sobre el Mediterráneo. Su
diseño aplica los
principios de la
geobioconstrucción, que
emplea materiales
autóctonos del lugar con
métodos que no afectan el
ambiente. En el Venus
Albir el agua se calienta
con colectores solares,
las sábanas son de algodón
ecológico y el restaurante
utiliza vegetales
cultivados sin productos
químicos.
La etiqueta Ecotel, cuyo
logo es un globo
terráqueo, rige desde
1994. Tiene una colección
de más de 100
establecimientos, entre
los que se encuentran
hoteles y resorts que
incorporan el concepto de
responsabilidad
medioambiental y deben
pasar la inspección del
Rocky Mountain Institute
de Aspen, Colorado,
Estados Unidos.
El primero en recibirla
fue el New York Vista
Hotel. Otros del grupo son
The Orchid Hotel de
Mumbai, India,
y el Hilton Tokyo Bay.
La ecoetiqueta cubre un
amplio rango de
exigencias.
Los australianos marchan
hacia las certificaciones
propias y aparecen las
especializadas: Bandera
Azul para playas y
marinas. Se otorga a
través de la Fundación
para la Educación
Ambiental, ONG que
distingue a quienes
promueven la limpieza de
las playas.
Los campos de golf no son
ajenos a la tendencia. De
ellos se ocupan Commited
to Green y Golf
Enviromnent Europe.
Fenómeno del tercer
milenio, a juzgar por la
proliferación de sellos y
normativas, la conciencia
por proteger el mundo
parece no admitir la
indiferencia. |