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15/10/07 - SLOW TRAVEL -
TURISMO LENTO - VIAJAR
LENTO
La hora del
slow travel
Con el caracol como
emblema, hay una tendencia
global en rápida, vaya
paradoja, expansión: la de
las travesías relajadas,
sin apuros, responsables
con el medio ambiente, y
distanciadas de las
convenciones y los
circuitos turísticos
tradicionales; mejor,
despacio.
Viajar en tren en vez de
avión. Conocer un lugar en
profundidad y no 20
ciudades en 20 días.
Preferir la gastronomía
típica a la internacional.
Descubrir, no sólo mirar.
Estas premisas, que hasta
podrían ser consideradas
poco pretenciosas, son
algunos de los pilares del
slow travel, tendencia que
crece en el mundo de la
mano del movimiento slow.
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La propuesta surge como
contrapartida de la
modalidad de viajes de los
últimos tiempos. Esas
salidas donde se vuelve
más agotado que antes de
partir, con vuelos
interminables, horas y
horas de espera en los
aeropuertos, y paquetes
tan ajustados que obligan
a mirar más el reloj que
el paisaje.
El viaje lento,
placentero, sin apuros ni
corridas llega como una
derivación de un pariente
muy cercano: el movimiento
Slow Food, que nació en
Italia en 1989 para
contrarrestar la comida
estandarizada y la vida
rápida, impedir la
desaparición de las
tradiciones gastronómicas
locales y combatir la
falta de interés general
por la nutrición y los
sabores.
Así como Slow Food propone
saborear la comida, slow
travel sugiere degustar
lentamente los viajes, ser
parte de la vida local y
conectarse con los
habitantes. Una filosofía
similar aplicada en otro
aspecto.
No existe una institución
formal de slow travel,
pero sí miles de blogs en
Internet que intercambian
experiencias y
comentarios.
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"Un viajero
que quiera sumarse a esta
tendencia debe priorizar
los medios de transporte
más amigables con el medio
ambiente, y también la
naturaleza de los viajes,
que sean individuales y
activos. También se
sugiere alojamientos más
íntimos, como hoteles
boutique", según uno de
los párrafos de una
extensa nota publicada en
mayo en la revista
Newsweek sobre el
tema. |
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Los
fundamentos del slow
travel se vinculan también
con principios ecológicos
y de conservación del
medio ambiente. Ante todo
debe ser un turismo
responsable, que genere el
menor impacto en la
naturaleza.
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Los
viajeros slow son grandes
defensores del tren. Lo
prefieren a cualquier otro
medio de transporte por su
baja contaminación y
porque asegura un viaje
confortable, donde es
fácil compenetrarse con el
paisaje. Por supuesto,
también bicicleta, bote y
caminata para recorridos
cortos.
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"Un viaje
relacionado con el
movimiento slow debe tener
un vínculo con los
productores locales, hacer
visitas a sus huertas,
bodegas o fábricas, y
hasta alojarse en ellas en
los casos que sea
posible", aporta Santiago
Abarca, coordinador de los
convivia (especie de
sedes) en la Argentina de
Slow Food, que descubrió
esta corriente en un viaje
por Italia hace siete años
y desde entonces intenta
que todos sus viajes
tengan estas
características. La
agrupación cuenta con 500
socios en el país. |
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El gurú
Los seguidores de este
movimiento tienen un libro
de cabecera, Elogio de
la lentitud , de Carl
Honoré, canadiense
radicado en Londres que de
un día para el otro se dio
cuenta de que ni siquiera
tenía tiempo para contarle
un cuento a su hijo. La
obra, publicada en 2005 y
traducida a 25 idiomas,
rastrea la historia de la
relación cada vez más
dependiente del tiempo, y
aborda las consecuencias y
la dificultad de vivir en
esta cultura acelerada.
Descargue el libro desde
aquí
Elogio de la lentitud
es la primera mirada
de gran alcance a los
movimientos defensores de
la lentitud. "Tengo un
antes y un después muy
claros. Antes llegaba a
cada momento, a cada
actividad, a cada tarea
con un objetivo: hacerlo
lo más rápido posible.
Ahora prefiero hacer las
cosas bien. Tengo la
impresión de que soy mucho
más productivo hoy que
cuando corría siempre. Eso
es la paradoja de la
lentitud, muchas veces es
más rápida y más eficaz
que la velocidad", las
palabras de Honoré sobre
su propia experiencia.
Italia, referente
Además de viajes lentos,
hay ciudades que quieren
vivir todo el año de una
manera afín con el
movimiento.
La Città Slow (ciudad
lenta, en italiano e
inglés) es un sello de
calidad turística que se
otorga a aquellas
localidades que cuentan
con una gastronomía
autóctona, ecológica y de
calidad, con productos
artesanales y lugares
tradicionales de comida
por medio de una
organización internacional
subsidiaria de Slow Food.
También se necesitan más
requisitos si se quiere
este sello: tener menos de
50.000 habitantes, los
cascos históricos deben
estar cerrados al tráfico
y apostar por una
arquitectura
medioambiental que
reconstruya espacios
históricos y priorice las
zonas verdes los y
parques.
La ciudad de Bra, en el
norte de Italia, fue la
primera ciudad lenta del
mundo y es donde está la
sede de Slow Food.
Actualmente existen
alrededor de 60 città slow
en el mundo, la mayoría en
Europa y principalmente en
Italia, y muchas otras en
carpeta esperando
aprobación. Y también
existe un incipiente
mercado turístico que sólo
sale de viaje por esas
ciudades y con los
parámetros del slow
travel.
Porque más allá del
destino elegido, lo que
importa es el modo de
vivirlo, de conectarse con
el lugar y descubrirlo.
Por Andrea Ventura
De la Redacción de LA
NACION
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Decálogo
elemental del viajero
slow
-
Disfrutar
tanto del viaje como del
destino.
-
Preferir
medios de transporte
amigables con el medio
ambiente, como tren, bote,
bicicleta o caminata.
-
Conocer
cada lugar en profundidad,
por lo menos con una
semana de estada.
-
Relacionarse con los
nativos y sus costumbres;
intentar ser parte del
lugar.
-
Inclinarse
por alojamientos con trato
personalizado o rurales, y
no grandes hoteles. La
idea es sentirse como en
casa.
-
Elegir la
gastronomía típica de cada
lugar y tomarse tiempo
para degustar cada plato.
-
Priorizar
los destinos más cercanos
a los lejanos.
-
Evitar los
viajes programados y los
paquetes todo incluido.
-
Cuidar el
medio ambiente
-
Animarse a
improvisar.
Colonia avanza a paso
tranquilo
En la Argentina todavía no
hay una città slow, aunque
hubo un buen intento, con
Mar de las Pampas, que
hace unas temporadas se
propuso formar parte del
movimiento. Finalmente no
llegó a la aprobación de
la central internacional,
pero el pequeño poblado,
al sur de Villa Gesell,
creció y se formó con una
inclinación slow.
Colonia, en Uruguay,
también podría asociarse.
Tiene características muy
afines con las que pregona
esta corriente.
"Estamos en etapa de
evaluación. Colonia tiene
muchas características
coincidentes con la
filosofía del movimiento,
muchos valores compartidos
-comenta Andrea Schunk,
directora de Turismo de
Colonia-. Es un movimiento
que creció y resulta
tentador querer sumarse."
La iniciativa de asociarse
viene con el empuje del
Sheraton de Colonia, que
desde hace unos meses hizo
una alianza con Slow Food,
para ofrecer una propuesta
de lo que se podría llamar
Slow Hotel, un resort un
poco alejado de la ciudad
y conectado con la
naturaleza, .
Cuando Helga Lightowler,
gerente de Relaciones
Públicas, le propuso al
gerente del hotel
vincularse con el
movimiento, al principio
le sonaba negativo. "Van a
pensar que el servicio es
lento", le respondió.
Pero después entendió la
filosofía y que ir lento
no significa no ser
productivo.
"Tenemos la autorización
de Italia como
laboratorio, como prueba,
y en unos meses habrá
nuevas inspecciones para
ver si se cumplieron con
los pedidos", explica
Lightowler.
Los requerimientos, muchos
de los cuales ya se
aplican, están
relacionados con la
gastronomía, las
actividades y las
propuestas del spa.
Deben tener una huerta que
abastezca el restaurante,
una variación de carta por
estaciones y trabajar con
productores de la zona.
Por ejemplo, se les
sugiere que ofrezcan a los
huéspedes catas de vino,
excursiones a bodegas o
chacras para vincularse
con los lugareños, clases
de cocina para la familia,
pesca y caminatas.
En el spa los tratamientos
son holísticos, para
lograr una armonía entre
el cuerpo y el interior.
Trabajan con productos
orgánicos de la zona; por
ejemplo, hay un masaje a
base de yogur, frutos
rojos y miel.
También, el hotel debe
cuidar el medio ambiente y
las especies vegetales y
animales, y concientizar a
los pasajeros.
"La idea, si esto
funciona, es armar
paquetes, ya que hay
muchos turistas
internacionales que viajan
exclusivamente slow",
según Lightowler.
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