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El martes 17, por la noche, me enteré
de la declaración de “interés cultural, histórico y paisajístico
para la Provincia de Entre Ríos del área industrial del
establecimiento frigorífico Liebig”; proyecto del diputado Jorge
Kerz en la Cámara de Diputados.
El miércoles 18, por la mañana, leí la media sanción de la Cámara
de Senadores para el proyecto del senador Oscar Arlettaz,
declarando “patrimonio histórico-cultural de la Provincia a la
localidad de Pueblo Liebig”.
El jueves 19, por la tarde, Guillermo Lema, asesor de la diputada
nacional María de los Ángeles Petit me confirmó el proyecto de ley
declarando “Liebig, lugar histórico”.
El lunes 23, Américo Schvartzman, quien trabaja con el diputado
nacional Lisandro Viale, me remitió su proyecto de ley: “Liebig,
bien de interés histórico”.
Ambos, con el marco de la Comisión de Museos y Monumentos
Históricos Nacionales, serán presentados este lunes, en el
comienzo de las sesiones legislativas.
¡Enhorabuena, para poner al patrimonio en primera plana! ¡Es un
avance real para poder proteger lo poco que va quedando del Liebig
industrial, pero a no ilusionarse demasiado!
¿Como se penalizará a la sociedad propietaria por el patrimonio
fabril mueble e inmueble destruido y vendido (protegido como
Patrimonio Cultural Provincial, por decreto del Poder Ejecutivo n°
6676/03) y se compensará a la comunidad de Pueblo Liebig, víctima
por el patrimonio perdido de sus históricas máquinas?
¿Cómo interpreta la Sociedad Fortituto S.A. el “valor” de Liebig
como pueblo histórico, cuando vendió su patrimonio industrial y
descuida la conservación de su “Casa de Visitas”?
¿Cómo pueden explicar los representantes legales del propietario
ausente la valorización de la propiedad como ciudad turística
cuando no hicieron nada por un desarrollo turístico?
Al inicio de la denuncia: “El patrimonio industrial vale su peso”
(4 de noviembre de 2008), pensaba que el patrimonio de Pueblo
Liebig no estaba suficientemente protegido y el camino recorrido
me demostró que la falta de conservación es una falta de
voluntades.
Es una responsabilidad de todos nosotros: autoridades locales,
provinciales y nacionales; la comunidad local y regional; cada
propietario, los pequeños y los grandes empresarios, cada uno en
su justa medida; y me incluyo, porque no pude frenar los
“atropellos demoledores”.
El patrimonio no se conserva con una ley con sanciones, vivimos en
un país transgresor de normas, aún con multas y, en procesos
inflacionarios al poco tiempo no cuestan nada.
Con ley o sin ella, un buen negocio siempre se “arregla” en
detrimento del patrimonio cultural y natural. Para ejemplo: en
Colón, tenemos el nuevo Hotel Plaza de la organización Delassoie;
en San José, Campodónico proyecta un “dique seco” sobre el Perucho
Verne; en tierras de Pueblo Liebig, los españoles de Iberpapel
drenaron el humedal del “2 de agosto” para sembrar soja; en Ubajay
se derrumbaron los vestigios de la sinagoga; en Victoria, el casco
histórico es patrimonio histórico nacional y no se ha conservado;
etc.
El patrimonio es un problema de educación y la conservación del
patrimonio industrial de Liebig está relacionada con la
reutilización de los obsoletos edificios fabriles y su paisaje.
El país está lleno de leyes, decretos y ordenanzas de "protección
del patrimonio" que en la práctica son letra muerta. Es muy
difícil pelear contra el derecho de "propiedad privada" y ponerle
límites ciertos, salvo que haya expropiación, lo que ocurre en muy
pocos casos.
Para todo esto, hace falta una fuerte conciencia ciudadana y una
buena voluntad política.
La resolución aprobada en Diputados, es una herramienta para
accionar un no innovar, si se animan a una demolición fabril. Pero
también, hay que trabajar: ¿Qué haremos cuando Liebig sea
declarado “Bien de Interés Histórico Nacional”? Es necesaria una
transparente gestión para el patrimonio, entre intereses privados
y políticas públicas, en acciones reales para la conservación y
puesta en valor del pueblo industrial de Liebig, de cara al
desarrollo. |