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03/12/06 - El Concurso de Cuentos Ecológicos ya tiene su ganador

“Los peces que aprendieron a leer”

A continuación publicamos el cuento que ganó el concurso provincial organizado por la Junta Distrital de Ecoclubes, del cual participaron chicos de entre 12 y 15 años. El primer premio lo obtuvo “Los peces que aprendieron a leer”, de Franco Lima, alumno de 7º grado de la Escuela Nº 139 “República de Italia” de Concepción del Uruguay.

 

 

El sol parecía bordar ramas de sarandí en el agua y todavía el viento que trae la primavera no había empezado a soplar con la fuerza que suele hacerlo. Sólo una brisa desde el norte hacía pequeñas olitas y movía los árboles despacio y acompasadamente.
Era un lunes tranquilo donde los navegantes y los pescadores de fin de semana ya se habían ido a trabajar. Por eso, Don Pacú Pacua se sobresaltó cuando escuchó los ruidos y saltos en el agua, muy cerca de su escondite, sólo conocido por las palometas guardianes de su escuadrón.
—¿Qué pasa? -gritó con su voz de mando, ronca pero firme-.
—Detectamos un intruso -contestó el jefe de las palometas del escuadrón de guardia-.
—Dice llamarse Bogatín, y que viene con un mensaje desde más al sur, a la altura de Gualeguaychú, donde él vive. Dice además que lo manda su viejo amigo Patí Zoilo, el comandante de la zona.
—Entonces, déjenlo pasar –dijo Don Pacú Pacua- debe ser algo importante.
—Mis respetos, comandante mayor, soy Bogatín, he viajado por más de dos días sin detenerme para darle aviso de una alerta máxima por parte de Patí Zoilo.
—¿Qué pasa? ¿Hay algún gran concurso de pesca?
—No, nada de eso, señor. En realidad, es algo tremendo y de lo cual todavía no sabemos cómo terminará, solo sabemos que tendrá consecuencias horribles y nunca antes vistas en nuestra comarca.
—Díos mío, si Patí Zoilo te manda con ese mensaje, debe ser muy grave, cuéntame más.
—Hace cuestión de un año un grupo de sábalos, saltando como les gusta a ellos, divisó la construcción de una chimenea frente a las costas del Ñandubaysal.
Al principio no le dieron importancia, pero a los pocos meses, vieron que seguía creciendo y creciendo, y llegaba a alturas que nunca habían visto en ningún lado de la costa.
Entonces, fueron en cardumen a avisarle a Don Patí Zoilo. El jefe convocó a una reunión de expertos, así que vinieron los asesores Manduví Dulce, Doradón y el Bagre Sapo Mayor.
Decidieron formar escuadrones de dorados para control y vigilancia de las aguas de superficie, otro escuadrón de surubíes para aguas más profundas, y un escuadrón de pejerreyes para cuando refresque y el agua se ponga más fría.
Luego de varios meses de observación, los jefes de cada escuadrón se presentaron a reportar, todos asombrados por lo que habían visto.
Contaron que vieron cantidad de embarcaciones de todos los tamaños navegando juntos, que no pescaban ni hacían más que llevar carteles y banderas.
Contaron que vieron cantidades de humanos caminando juntos, como si fueran un cardumen de los nuestros, pero de los grandes, y que llegaban al puente largo y se quedaban allí, solo conversando, cantando himnos, y levantando banderas y carteles. Todos coincidieron en que nunca antes se había visto algo igual.
Antes estas novedades, los asesores lamentaron el hecho de que los peces no sabemos leer, pero entendieron que los humanos sabían que era lo que estaba pasando, y que fuera lo que fuera, era algo importante.
Entonces, tuvieron la idea de probar obtener información de parte de la misma gente humana. Por eso, partió un escuadrón de Viejas de Agua hacia un Club Náutico, donde ellas comen musgo y los caracoles de los cascos de las embarcaciones, y así llegan a flor de agua para escuchar la conversación de los humanos que charlan en las marinas. Como son tan feas y limpian los cascos, nadie las pesca ni les hace caso.
A la semana, volvieron las Viejas del Agua al refugio de nuestro jefe, con un dato escalofriante: los humanos están construyendo dos plantas de celulosa, las más grandes del mundo, y dicen que esta industria es una de las más contaminantes que existen.
Pero no todos están de acuerdo, el pueblo de Gualeguaychú y otras ciudades de Entre Ríos y Argentina, se han opuesto terminantemente a la contaminación del río.
Dicen que además habrá lluvia ácida, que es la lluvia contaminada con los tóxicos que las fábricas tiran desde sus chimeneas.
Eso es lo que vine a contarle, Don Pacú Pacua.
El viejo patriarca no pudo ocultar sus lágrimas (porque los pescados también lloran en el agua) y miró a las palometas que estaban duras y como hipnotizadas.
Luego, con su aleta, acarició a Bogatín y le dio las gracias por haber venido a avisarles. Después dijo:
—Hay más de 170 especies de peces en este río, están las plantas de las costas, los campos, las aves que dan nombre al río, las ciudades de los humanos, los animales, todo ello. ¿Cómo pueden querer apagar la vida y nuestro equilibrio, que la naturaleza ha sabido mantener?.
Bogatín lo miró con pena y comentó:
—Mi jefe me ha dicho que usted sabrá lo que podemos hacer, porque nosotros hemos discutido muchas opciones y ya no sabemos como defendernos.
Los dorados, tarariras, armados chancho y manguruyúes quieren atacar, pero nuestro enemigo es inalcanzable. Los cabeza amarga, las rayas y anguilas querían hacer manifestaciones como la de los humanos que se oponen, pero nadie las notaría.
Pacú Pacua nuevamente escuchó atentamente y con su gesto llamó a su secretario Bagre Amarillito, para que comunique la orden de alerta máxima río abajo y río arriba.
Ordenó que los sábalos y dorados salten más seguido para recordarles a los humanos que esta comarca es de todos, y pidió que se convoque a los peces más hábiles e inteligentes de todas las especies para que aprendan a leer y escribir, tomando como escuela las letras que hay en las boyas y en los barcos que pasan por el río. Luego, deberán escribir con palos y ramas que floten en el agua el siguiente mensaje: “Humanos, sólo ustedes pueden salvarnos”.
 

 

 

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Gentileza de: www.ElDiario.com.ar

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